capitulo#37

8 0 0
                                        

El día en que Aisha volvió a clases, el ambiente se sintió distinto. Sus amigas la rodeaban, asegurándose de que estuviera bien, especialmente Dami, que no se separaba de ella ni un segundo. Las gemelas trataban de hacerla reír con sus ocurrencias, incluso habían preparado una lista de manhwas Boys Love que querían que Aisha leyera para distraerse.

Sin embargo, Oroitz también estaba ahí. Él no había podido quitarse de la cabeza lo que le había pasado a Aisha, pero lo supo con detalles cuando escuchó por accidente a las amigas de Aisha hablándolo en voz baja. Su estómago se hundió cuando entendió que todo había sido por su culpa. No podía creerlo. Nunca pensó que Aisha llegaría a ese punto.

—Pobre Aisha... no puedo creer que haya pasado por eso.
—Es que Oroitz la destruyó por completo. ¿Cómo pudo hacerle eso?
—Dami lo odia más que nunca. Si lo ve cerca, lo va a matar.

Oroitz se quedó helado. Su culpa aumentó, pero con ella vino también la desesperación. Necesitaba hablar con Aisha. Necesitaba explicarle que él no quería lastimarla.

Esperó el momento perfecto. Aisha finalmente se quedó sola por un instante. Oroitz vio su oportunidad y se acercó a ella.

—Aisha... podemos hablar.

Aisha levantó la mirada y lo vio. Por un segundo, su cuerpo se tensó. Pero luego suspiró, harta.

—Rápido. No tengo todo el día.

Mientras tanto, Emir estaba buscándola. No confiaba en que estuviera sola. Cuando la vio con Oroitz, sintió cómo la sangre le hervía. Su primer instinto fue correr hacia ellos y separarla de él, pero se contuvo. Se escondió y observó desde lejos.

—Aisha, por favor, no quiero que terminemos así.
—¿Cómo entonces, Oroitz? ¿Con otra mentira? —su voz estaba llena de cansancio.

Oroitz la miró con los ojos llenos de culpa.

—No quiero que me odies.
—No quiero odiarte, pero me estás obligando.

Aisha estaba cansada. Cansada de sus palabras, cansada de sus mentiras. Ya no quería escuchar nada más.

Pero Oroitz no podía aceptarlo. No podía perderla.

Se entristeció y, sin pensarlo mucho, se acercó lentamente a Aisha, mirándola fijamente.

Aisha no se dio cuenta hasta que fue demasiado tarde.

Oroitz intentó besarla a la fuerza.

—¡Oroitz, aléjate! —Aisha intentó empujarlo, pero él puso todo su peso sobre ella.

Intentó moverse, pero Oroitz la tenía atrapada.

En ese momento, Emir no pudo quedarse quieto.

Salió de su escondite y corrió hacia ellos.

—¡Suéltala! —gritó con furia, apartando a Oroitz con fuerza.

Pero antes de que Oroitz se alejara por completo, mordió el labio de Aisha, dejando una pequeña marca de sangre.

Aisha jadeó, su labio ardía, y cuando llevó sus dedos a su boca, vio la sangre en ellos.

Emir, lleno de rabia, se lanzó hacia Oroitz, sujetándolo por la camiseta con los puños apretados.

—¿Qué mierda te pasa? —le gritó, con ganas de golpearlo.

Oroitz no dijo nada. Solo se quedó ahí, en silencio, con la mirada baja.

Aisha, con los ojos llenos de furia y dolor, se limpió la sangre y se alejó.

Oroitz había cruzado un límite.

Y esta vez, Aisha no estaba dispuesta a perdonarlo.

Emir soltó a Oroitz con brusquedad, su corazón latía con fuerza de la rabia que sentía. Sus ojos ardían, pero no quería gastar más energía en él. Giró sobre sus talones y corrió hacia Aisha.

Aisha seguía con el rostro tenso, sintiéndose asqueada, pero cuando vio a Emir, no pudo evitar buscar refugio en sus brazos.

—Llévame al baño. —murmuró, con la voz débil.

Emir la miró con preocupación, pero asintió. Le pasó un brazo por los hombros y la ayudó a caminar.

Mientras tanto, Oroitz se quedó solo, con la mirada perdida.

La culpa y la rabia se mezclaban dentro de él como un veneno. Apretó los puños y caminó rápido hacia su salón, intentando alejarse de todo.

Pero en el camino, se encontró con Mateo.

—Oroitz, ¿qué te pasa? —preguntó su amigo, notando su expresión sombría.

Oroitz bufó, aún molesto, y sin pensarlo mucho, le contó todo. Sobre cómo le mintió a Aisha, cómo la ilusionó, y todo lo que pasó hace unos minutos.

Cuando terminó de hablar, Mateo frunció el ceño.

—Eres un imbécil, ¿lo sabías?

Oroitz no respondió.

Mateo lo miró con una mezcla de enojo y decepción.

—¿La amas?

Oroitz abrió la boca para responder, pero se quedó en silencio.

Dudó.

Y eso lo decía todo.

Después de un momento, negó con la cabeza.

No.Mateo lo observó, esperando más.

—No la veo como ella me ve a mí. Pero la quiero... como amiga.

Mateo suspiró con cansancio y frustración.

—Entonces, ¿por qué sigues detrás de ella?

Oroitz no supo qué responder.

Mateo lo miró con decepción y se alejó sin decir más.

Oroitz se quedó solo otra vez.

Mientras tanto, en el baño, Aisha se apoyó en el lavabo, mirando su reflejo en el espejo.

Su labio sangraba, y el ardor era insoportable.

Emir la miraba preocupado.

—Voy a limpiar tu herida.

Aisha asintió. Emir tomó el papel de baño y lo humedeció, pero cuando iba a tocar su rostro, vio que la sangre seguía saliendo.

Sin pensarlo mucho, se quitó su propia camisa y la usó para presionar la herida.

—¿Por qué hiciste eso? —preguntó Aisha, sorprendida.

—Porque la sangre no paraba. —Emir la miró serio—. No quiero que nada más te haga daño.

Aisha se quedó en silencio, sintiendo su corazón latir con fuerza.

No sabía qué haría a partir de ahora, pero una cosa era segura:

Oroitz ya no tenía lugar en su vida.

Oroitz ya no tenía lugar en su vida

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Flores MoradasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora