La tarde había caído rápidamente sobre la ciudad, con el sol ya bajo en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos naranjas y rojos. El clima era suave, pero Aisha no sentía nada de eso. Después de la escuela, Dami la acompañó a casa, pero Aisha, con una falsa sonrisa, le dijo que necesitaba ir a la playa para despejar su mente.
Dami se mostró algo preocupada, pero Aisha insistió. No sabía si era por el dolor o por la necesidad de estar sola, pero tenía que tomar una decisión. Era como si cada paso que daba en su vida la acercara más al abismo, un lugar donde las voces de la desesperación comenzaban a ahogarla.
Dami no sospechaba nada. Ella simplemente pensaba que Aisha necesitaba un tiempo para procesar todo lo que había pasado. Aisha le aseguró que se sentía bien y que se despejaría, que solo necesitaba unos minutos para aclarar sus pensamientos.
"No te preocupes, Dami, todo estará bien" le dijo, con la voz quebrada, como si ya hubiera perdido la esperanza de que eso fuera posible.
Dami, aunque algo escéptica, la abrazó con fuerza antes de irse a casa. No quería dejarla sola, pero respetó su deseo de estar sola en ese momento.
Lo que Dami no sabía era que Aisha ya había tomado una decisión. Una decisión que ya no podía deshacer. Se sentía vacía, rota, como si ya no pudiera más. El dolor, la culpa, la confusión, todo se había acumulado dentro de ella. Oroitz la había destrozado y Emir, por más que trataba de consolarla, no podía llenar el vacío que sentía en su corazón. No quería seguir siendo una carga para nadie.
Quería escapar.
Fue por eso que, sin pensarlo dos veces, se dirigió a la playa.
El sonido del mar siempre le había tranquilizado, pero esta vez no buscaba consuelo, sino una salida. La brisa fría del atardecer no la tocaba. Estaba absorta en sus pensamientos, en su dolor, y mientras las olas chocaban contra las rocas, su mente ya estaba tomada por la oscuridad.
"No más. Ya no puedo más," pensó mientras caminaba por la orilla, sus pies hundiéndose en la arena.
A lo lejos, su celular quedó olvidado en la mesa de su casa. Pero en otro lugar, Emir, que no dejaba de pensar en Aisha, la llamó una vez más. Fue un gesto que no pensó mucho, simplemente quería asegurarse de que ella estaba bien después de todo lo que había sucedido. Pero la llamada se fue directo al buzón de voz.
La preocupación comenzó a apoderarse de él. Sabía que algo no estaba bien. Aisha no solía ser así.
Emir rápidamente se dio cuenta de que algo no estaba bien, así que, sin pensarlo más, llamó a Dami.
—Dami, ¿has hablado con Aisha? No me responde el teléfono. —preguntó, con la voz entrecortada por la preocupación.
Dami, sorprendida por la llamada, rápidamente contestó, pero la sorpresa no fue lo que Emir esperaba.
—Sí, hablé con ella hace poco. Dijo que iba a la playa, a despejarse. —respondió Dami, sin sospechar lo que estaba por venir.
Emir palideció al escuchar esas palabras. Recordó la hora y, aunque no quiso alarmarse, algo en su interior le dijo que no debía dejarla sola.
—¿A qué playa fue? —preguntó Emir con voz temblorosa. Dami, algo en mí me dice que Aisha está en peligro.
Dami, sin comprender la gravedad, le dio la dirección de la playa. Aunque algo en ella sentía una extraña incomodidad, no sabía exactamente qué pasaba, así que confió en Emir, pensando que quizás solo estaba exagerando.
Emir colgó rápidamente y se dirijio en su carro hacia la playa lo más rápido que pudo. No era tan lejos de donde estaba, pero el tiempo parecía alargarse en su mente. La ansiedad lo consumía mientras aceleraba el paso.
"No, no puede estar pasando. Tiene que estar bien. No puede pasarme esto," pensaba mientras corría. Su corazón palpitaba con fuerza, y cada paso lo llevaba más cerca de una verdad que no quería aceptar.
Cuando finalmente llegó, la playa estaba desierta.El sol ya se había ido, y las sombras parecían alargarse por todo el lugar.Emir miró hacia todos lados, pero no había ni rastro de Aisha. Un escalofrío recorrió su cuerpo, y algo en su estómago le dijo que la situación era más grave de lo que imaginaba.
Corrió hacia la orilla, llamándola por su nombre.
Nada.
Se acercó más al agua, la marea estaba alta. Algo le decía que tenía que ir más allá.
En un momento de desesperación, Emir decidió meterse al agua. No podía quedarse allí sin hacer nada. No importaba el frío, no importaba el miedo.Tenía que encontrarla.
En el momento menos esperado, Emir la vio.
Su cuerpo estaba flotando en el agua, apenas visible entre las olas.
Aisha.
Emir corrió hacia ella con todas sus fuerzas, gritando su nombre mientras las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos.
La sacó del agua, y el cuerpo de Aisha estaba tan frío, tan inerte, que el pánico le dio un golpe directo al pecho. No podía perderla.
Aisha estaba casi muerta. La desesperación lo consumió, pero Emir la abrazó con fuerza.
—Aisha, no. No puedes irte. Por favor, no me dejes. —lloraba, mientras trataba de revivirla.
Sus lágrimas caían sin control, y las olas seguían chocando contra la orilla, pero nada podría calmar el dolor que sentía al verla tan cerca de la muerte.
Emir no podía dejar que eso sucediera. No podía perderla.
"No puedo dejarte ir, Aisha. Te amo."
Continuará...
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