Ellas se acercaron sin darnos cuenta y Katty agarró a Dalia por el cabello, mientras que Birsha me sujetaba las muñecas fuertemente, apretándolas hasta hacerme sentir que me las iba a romper. Me soltó brevemente para darme una bofetada que me dejó atónita. El ardor en mi mejilla me quemaba, pero la furia interna me ayudó a mantenerme de pie.
—¡Suéltame! —grité con fuerza, tratando de liberarme de su agarre.
Katty, al escuchar mi grito, me dio una bofetada más fuerte, y esta vez mis ojos se llenaron de lágrimas, pero no dejé que se me cayeran. No quería mostrar debilidad frente a ellas.
—No te atrevas a gritarle así a Birsha o te las verás conmigo —dijo Katty, con voz desafiante.
La rabia me estaba consumiendo por dentro, pero intenté calmarme. No podía dejar que esto me afectara. De alguna forma, no quería caer en su juego. Con respiración entrecortada, miré a Katty y, con voz firme, le respondí:
—No voy a pelear contigo, porque no necesito demostrar mi valor a través de un chico. Mis prioridades son más grandes que eso. Y si crees que me vas a intimidar con tus amenazas, estás muy equivocada.
Birsha me observó en silencio, su mirada llena de odio, mientras Katty la observaba como si esperara una respuesta de su parte. Pero al ver mi firmeza, noté que algo en su actitud comenzó a cambiar.
—¿Eso crees? —dijo Birsha, desafiándome con una sonrisa torcida. — Te vas a arrepentir de hablarme así.
Pero en lugar de sentir miedo, sentí una extraña calma. Sabía que debía mantenerme firme y no dejar que ellas me controlarán más.
Dalia, aunque aún afectada, no había dejado de observarme con preocupación.
—Aisha... —susurró Dalia, pero no terminé de escucharla, ya que la situación comenzó a dar un giro inesperado.
Birsha me miró con desprecio, sus ojos llenos de ira, y por un momento, creí que me lanzaría otro golpe. Pero algo en su actitud cambió, como si de repente se diera cuenta de que no podía seguir controlándome. Katty, por su parte, parecía enojada, pero también había algo en su expresión que mostraba duda, como si no supiera si seguir con este enfrentamiento.
—Vas a ver lo que pasa cuando alguien te reta, ¿eh? —dijo Katty, apretando los puños, pero se quedó en su lugar, sin moverse hacia mí.
No entendía qué estaba sucediendo, pero algo había cambiado en el aire. Fue en ese momento cuando Dalia, con esfuerzo, logró liberarse del agarre de Katty. Se acercó a mí, a pesar de su dolor y miedo.
—Aisha, ¡vámonos! —dijo Dalia con voz temblorosa pero decidida.
Miré a Birsha una última vez, como si quisiera decirle algo, pero no encontré las palabras. Mi mente estaba en caos, pero lo que sí sabía era que no iba a dejar que me intimidara más.
—Esto no ha terminado —dijo Birsha, aún con esa sonrisa arrogante. Pero algo en su voz era menos segura que antes.
—Lo que tú digas —respondí, girándome para irme junto a Dalia.
Nos alejamos rápidamente, sin mirar atrás. Los pasos se sentían pesados, como si el aire estuviera más denso a cada paso que dábamos. Sabía que lo que había sucedido no quedaría ahí. Birsha no iba a dejarme en paz tan fácilmente, y Katty, aunque parecía vacilar, podía ser aún más peligrosa.
Pero lo más importante era que yo había logrado algo. Había demostrado que no me dejaría arrastrar por su juego. No iba a pelear por un chico. Mis sueños, mis metas, y mi bienestar valían mucho más que ese juego de poder que ellas intentaban imponerme.
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Flores Moradas
Ficção Adolescentecada momento, en cada persona los recuerdos no salen de la mente
