capitulo 17

8 0 0
                                        

El conflicto interno dentro de mí seguía creciendo. Por un lado, el recuerdo de la cercanía con Oroitz, de los momentos en los que sentí que de alguna manera me veía de una forma especial, me mantenía anclada a él. Pero, por otro lado, algo en mi interior me decía que esto no era lo que realmente necesitaba. El juego, la incertidumbre, las promesas vacías... todo me había dejado marcada.

Durante las vacaciones, después de haber decidido alejarme de Oroitz y sus juegos, me centré en tratar de sanar, en encontrar algo que pudiera ayudarme a olvidarlo. No quería seguir atrapada en el mismo círculo de dolor, así que busqué distracciones. Entre esas distracciones, Emir comenzó a ocupar un espacio más grande en mi vida.

Al principio, no lo había considerado de esa manera. Emir era el amigo de Oroitz, y aunque me parecía simpático, no había pensado mucho en él. Sin embargo, al pasar más tiempo con él, algo comenzó a cambiar. Su manera de hablar, su risa fácil, la forma en que siempre sabía cómo hacer que me sintiera mejor... poco a poco me fui dando cuenta de que había algo más allí, algo que me atraía de una forma sutil pero constante.

Nos escribíamos más, casi todos los días. A veces, nos encontrábamos en línea jugando videojuegos o simplemente conversando sobre cualquier cosa. Cada vez que me hablaba, me sentía más conectada a él. Era como si de alguna manera me entendiera sin tener que decir mucho. Y aunque sabía que no podía compararlo con Oroitz, había algo en él que me hacía sentir diferente. Me hacía sentir segura.

Un día, decidí que, si realmente quería seguir adelante y dejar de lado lo que había pasado con Oroitz, debía dar una oportunidad a lo que estaba surgiendo con Emir. A lo largo de las semanas de vacaciones, lo conocí mejor, y algo dentro de mí comenzó a florecer. La idea de estar con él me llenaba de calidez. Me hizo sonreír más, incluso me sentía un poco más ligera.

Emir nunca fue presionante, ni insistió en nada más allá de una amistad, pero había algo en su manera de tratarme que me hacía sentir especial. Ya no pensaba en Oroitz tanto como antes, aunque, por supuesto, todavía había momentos en los que me sentía arrastrada por el recuerdo de lo que había sido. Pero con Emir, las emociones eran diferentes. No sentía esa constante ansiedad que me provocaba Oroitz. Con Emir, me sentía tranquila, me sentía como yo misma, sin tener que ser alguien que no era.

Hubo una tarde que pasamos juntos en un parque cercano. Hablamos sobre nuestras vidas, sobre nuestras pasiones, nuestras ambiciones. Me sentí conectada a él de una manera que nunca me había sentido antes con nadie, ni siquiera con Oroitz. Era una conexión genuina, sin los altibajos emocionales que había experimentado con él.

—Sabes, Aisha, me gusta cómo eres —me dijo Emir mientras caminábamos juntos por el sendero del parque, sus palabras sencillas pero llenas de sinceridad. Sus ojos brillaban con una calidez que me hizo sonrojarme, aunque no quería mostrarlo.

—¿De verdad? —respondí, tratando de disimular la sorpresa en mi voz.

—Claro. Eres auténtica, y me gusta eso de ti. No muchas personas son tan sinceras.

Me sentí bien con esas palabras. Sentí que por primera vez, alguien me veía por lo que realmente era, sin expectativas, sin juegos. Y lo mejor de todo es que Emir no me hacía sentir mal por estar yo misma, no me exigía nada. Me aceptaba tal como era, y eso me hizo darme cuenta de que tal vez, solo tal vez, había una oportunidad para algo real con él.

Aunque los pensamientos de Oroitz seguían asomándose de vez en cuando, los momentos con Emir eran tan diferentes. Y aunque no quería apresurarme, comencé a darme cuenta de que tal vez había llegado el momento de abrir mi corazón de nuevo. Pero esta vez, lo haría de una forma diferente, de una forma que me protegiera a mí misma.

Sabía que, con el tiempo, tendría que decidir qué hacer. Si seguir aferrándome a algo que me había dejado marcada, o si abrirme a una nueva oportunidad que podía ser más sana y más real. A medida que las vacaciones avanzaban, me di cuenta de que estaba comenzando a encontrar paz con Emir. No porque lo estuviera usando para olvidar a Oroitz, sino porque Emir era una persona que realmente merecía mi atención, y no porque estuviera buscando llenar un vacío.

Flores MoradasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora