Capitulo#18

8 0 0
                                        

Las clases estaban a punto de comenzar de nuevo, y aunque una parte de mí quería quedarse en la calma de las vacaciones, donde Emir y yo habíamos construido algo especial, la otra sabía que tenía que enfrentar la realidad. No podía huir de mis sentimientos ni de mis pensamientos.

El primer día de regreso fue un torbellino de emociones. Mientras caminaba por los pasillos de la escuela, sentía una mezcla de ansiedad y nerviosismo. No era solo porque tenía que ver a Oroitz de nuevo, sino porque sabía que algo en mí había cambiado. Ya no era la misma chica que solía correr detrás de él, que se aferraba a cada migaja de atención que me daba. O al menos, eso quería creer.

Cuando finalmente lo vi, sentí ese familiar vuelco en el estómago. Estaba apoyado contra su casillero, hablando con algunos amigos. Parecía exactamente igual que siempre: despreocupado, frío, con esa sonrisa que parecía tan cercana pero al mismo tiempo tan distante.

Intenté pasar sin mirarlo, enfocándome en buscar a mis amigos, pero entonces su voz rompió la barrera que intentaba construir.

—Aisha.

Me detuve en seco. ¿Desde cuándo él me llamaba primero? Me giré lentamente, encontrándome con su mirada. Había algo en sus ojos que no pude descifrar.

—¿Sí? —respondí con cautela.

Oroitz me observó por un momento antes de sonreír levemente.

—Te ves diferente.

Diferente. ¿Qué quería decir con eso? ¿Era una burla o realmente lo pensaba? Antes de que pudiera preguntar, él ya había desviado la mirada, como si el comentario no hubiera significado nada.

No dije nada más y simplemente seguí mi camino, sintiendo la mirada de mis amigos sobre mí cuando llegué con ellos. Dalia me miró con una mezcla de preocupación y curiosidad, y el otro Oroitz—mi mejor amigo—solo suspiró.

—No dejes que te afecte —dijo él, cruzándose de brazos—. Sabes cómo es.

—Lo sé —respondí con una pequeña sonrisa, aunque en el fondo, ese simple intercambio de palabras con Oroitz había revuelto algo dentro de mí.

La primera semana de clases pasó rápido, pero con ella vinieron nuevos desafíos. Emir y yo seguíamos hablando y viéndonos cuando podíamos, y aunque nuestra relación seguía siendo tranquila y sana, había un problema que no podía ignorar: Oroitz estaba empezando a aparecer más en mi vida de lo que esperaba.

Parecía buscarme con más frecuencia, no de una manera obvia, pero lo suficiente como para confundirme. Pequeños gestos, miradas prolongadas, comentarios que parecían casuales pero que llevaban un peso que no podía ignorar.

Un día, después de clase, me encontró sola en el pasillo.

—Escuché que estás con Emir —dijo de repente, sin rodeos.

Me tensé. No le debía explicaciones, pero su tono me hizo sentir como si sí.

—Sí. ¿Por qué?

Oroitz ladeó la cabeza, como si estuviera pensando en su respuesta.

—Nada. Solo me parece... curioso.

—¿Curioso?

Él se encogió de hombros.

—No lo sé. Pensé que te gustaba alguien más.

Su comentario me hizo enfadar. Durante tanto tiempo había esperado que él reconociera lo que sentía por él, que al menos me diera una respuesta clara. Y ahora que lo había superado—o al menos estaba en el proceso—, ¿venía con este tipo de comentarios?

—Lo hice —respondí con firmeza—. Pero las cosas cambian.

Oroitz no dijo nada. Solo me miró por un momento antes de esbozar una sonrisa, una que no pude interpretar del todo.

—Supongo que sí.

Y con eso, se fue.

Esa noche, no podía dejar de pensar en esa conversación. ¿Por qué le importaba con quién estaba? ¿Acaso le molestaba que hubiera seguido adelante?

Por primera vez en mucho tiempo, sentí que la balanza en mi corazón estaba inclinándose hacia un lado. Ya no era la misma chica que sufría en silencio por él. Con Emir, había encontrado algo que valía la pena. No podía dejar que el pasado me enredara de nuevo.

Así que respiré hondo, tomé mi teléfono y envié un mensaje a Emir.

"Quiero verte mañana. Extraño hablar contigo cara a cara."

fin del capitulo....

Flores MoradasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora