capitulo #67

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El aula de arte estaba en silencio, solo se escuchaba el rasgar de los lápices sobre el papel y el suave murmullo del profesor dando indicaciones. Aisha estaba completamente concentrada, su mano se movía con delicadeza mientras dibujaba el perfil de un chico como parte del ejercicio del día.

—Ese soy yo, ¿verdad? —susurró Emir desde el asiento de atrás, con una sonrisa orgullosa.

—Tal vez... —dijo Aisha, ocultando el dibujo entre risas—. O tal vez no.

Pero justo en ese momento, un chico nuevo en la clase, llamado Rai, se acercó a su mesa.

—Wow, dibujas increíble. ¿Me podrías ayudar con mi boceto? Es que no tengo idea de qué hacer —dijo con una sonrisa simpática.

Aisha dudó un segundo, pero asintió.

—Claro, ¿qué tienes en mente?

Empezaron a hablar bajito, riéndose a veces. Rai incluso se inclinó cerca de ella, observando sus trazos.

Emir los miraba desde su asiento, con el ceño un poco fruncido. Intentaba ignorarlo... pero su pie se movía inquieto bajo la mesa. Y cuando Rai le tocó el hombro a Aisha, ahí sí se levantó.

—¿Todo bien por aquí? —preguntó, con una sonrisa forzada.

—Sí, solo le pedí ayuda —respondió Rai sin malicia.

—Bueno, ya terminó la clase —dijo Emir tomando la mano de Aisha, con un tono tan casual que sonaba demasiado poco casual—. Vamos, amor, te invito algo antes de que alguien más lo haga.

Aisha lo siguió sin decir nada, pero apenas salieron del aula, se le quedó mirando con una cejita levantada.

—¿Qué fue eso?

—¿Qué fue qué?

—Eso de "te invito antes de que alguien más lo haga". ¿Estabas... celoso?

Emir se rascó la nuca, con una sonrisa culpable.

—Un poquito... —admitió, bajando la mirada—. Es que... te estaba mirando mucho. Y tú te reías. Y no sé, yo...

Aisha lo interrumpió con un beso en la mejilla.

—No tienes que ponerte así. Eres el único que quiero, Emir.

—Lo sé... pero igual quiero dejarlo claro. Tú eres mía —susurró, abrazándola por la cintura—. Y yo soy tuyo, completamente.

Aisha se sonrojó tanto que casi parecía un tomate.

—Entonces... ¿te molesta si dibujo a Rai mañana? —bromeó ella.

—¡Aisha! —protestó él, fingiendo indignación.

Y entre risas, se alejaron por el pasillo, agarrados de la mano.

Después de clase, Emir fue a buscar a Aisha al aula de arte. Sabía que ella solía quedarse un rato más para terminar sus dibujos o limpiar sus materiales. Cuando entró, la encontró sola, sentada en su lugar favorito cerca de la ventana, con la luz de la tarde iluminando su rostro concentrado.

—¿Te interrumpo?

Aisha levantó la vista, sonrió y negó con la cabeza.

—No, solo estaba terminando algo.

—¿Puedo ver?

Ella dudó. Aisha no solía mostrar sus dibujos a cualquiera, y aunque Emir no era "cualquiera", aún sentía algo de vergüenza.

—No sé... están algo personales.

—Mejor. Así los veo con más razón —dijo él, sonriendo con calidez.

Flores MoradasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora