La rutina de clases había comenzado de nuevo, y esta vez estaba decidida a mantenerme alejada de Oroitz. Ya no quería revivir los momentos dolorosos, ni seguir aferrándome a algo que no iba a suceder. Me concentré en mis estudios y traté de reconectar con mis amigos. Todo parecía ir bien, hasta que, un día, Oroitz se acercó a mí de nuevo.
Estaba sentada en el pasillo durante el receso, revisando algunas notas, cuando de repente lo vi aparecer. Mi corazón dio un vuelco y una sensación incómoda me invadió. Al principio, intenté ignorarlo, pero se sentó a mi lado con esa calma tan característica de él.
—Hola, Aisha —dijo, sonriendo de una manera que me hizo recordar todos esos momentos cuando aún hablábamos. Mi respiración se volvió más superficial.
—Hola —respondí, tratando de sonar indiferente, aunque mi interior estaba revuelto.
Estaba seguro de que algo no andaba bien. Lo sentí en su mirada. Me miró un momento, y luego, con tono bajo, sus palabras me hicieron temblar.
—Aisha, te ves diferente. Estás más... guapa que antes —dijo él, su voz suave y tranquila, como si estuviera observándome con una intensidad que me desconcertó. Mis mejillas se sonrojaron involuntariamente.
De repente, el recuerdo de las fotos que le había enviado una vez me invadió. Esa mezcla de emociones que sentí en ese momento me hizo sentir vulnerable, como si todo lo que había intentado olvidar volviera a surgir de golpe. No pude evitar mirar a Oroitz de nuevo, sintiendo cómo mi corazón comenzaba a latir más rápido.
—¿Te gustaría... otra foto? —preguntó él, con una sonrisa que no dejaba lugar a dudas. Su voz suave, casi seductora, me hizo dudar. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué caía de nuevo en esto?
Lo miré fijamente, sin poder evitar la tentación. La idea de volver a recibir su atención, aunque fuera de esta manera, me hizo sentir algo dentro. Pensé por un momento en todo lo que había pasado, en el dolor que me había causado, en cómo había prometido que ya no me involucraría más con él. Pero, al mismo tiempo, el deseo de que me volviera a ver, de que me deseara, me hizo vacilar.
Finalmente, sin poder controlarlo, cedí. Tomé una foto y se la envié, sabiendo que todo esto podría traer más complicaciones, pero también sintiendo un destello de esperanza en lo más profundo de mi ser. Tal vez, solo tal vez, esta vez sería diferente.
Cuando vi su respuesta, una sonrisa apareció en su rostro. "Estás increíble, Aisha", escribió. Sus palabras, aunque amables, no me hacían sentir feliz. Había algo en su actitud que me confundía. ¿Realmente le interesaba o solo estaba jugando conmigo nuevamente?
Sentí una mezcla de emociones. Por un lado, me sentía feliz de que me prestara atención de nuevo. Pero por otro, sabía que no estaba siendo justa conmigo misma. Estaba cayendo en el mismo juego, y no estaba segura de si estaba lista para enfrentarlo otra vez.
Así que, aunque una parte de mí deseaba seguir adelante, otra parte sabía que esto no era lo que realmente quería. Estaba jugando con fuego, y temía que esta vez pudiera quemarme más que antes.
El tiempo pasaba y mi corazón aún estaba atrapado entre la necesidad de estar cerca de él y el deseo de liberarme de todo eso. Solo sabía una cosa: ya no podía seguir adelante sin enfrentar la verdad, sin dejar ir el pasado y sin pensar en lo que realmente merecía.
El final del año escolar estaba cerca y, con ello, el cierre de una etapa llena de altibajos emocionales. Los últimos días fueron como una mezcla extraña de esperanza y tristeza. Ese año lectivo se estaba acabando para recibir un grado nuevo y un capítulo en mi vida se estaba terminando. Me sentía como si todo estuviera ocurriendo a la vez: las despedidas, los momentos de reflexión y, por supuesto, el hecho de que estaba a punto de entrar a otro salón, lejos de todos los recuerdos que me habían perseguido durante tanto tiempo.
Decidí que, en estos últimos días, quería que las cosas fueran diferentes. Quería salir de esa fase de tristeza y dolor. Ya no podía seguir aferrándome a lo que no me hacía bien. Así que, con una determinación renovada, me acerqué a todos mis amigos y traté de arreglar las cosas. Sabía que mi comportamiento había sido errático, que había distanciado a muchas personas, pero también entendía que era el momento de sanar y de dejar atrás los conflictos.
Fui a hablar con Dalia, con Teo, con Olivia, y con todos los que se habían preocupado por mí. Agradecí a cada uno por su paciencia, por no haberme abandonado durante mis momentos más oscuros. Fue un proceso largo, pero al final, todos me entendieron. Nos reímos, recordamos viejos momentos, y aunque la despedida era inevitable, me sentí agradecida por haber tenido a esos amigos a mi lado.
Por otro lado, Oroitz, el chico que tanto había amado, parecía finalmente alejarse de esa chica de lentes grandes y mascarilla que había aparecido en su vida poco después de nuestra última conversación. No supe qué había pasado entre ellos, pero podía notar que algo había cambiado. Él ya no se acercaba tanto a ella y, aunque seguía siendo el mismo chico frío, serio y distante, me pareció que por primera vez estaba viendo el mundo de otra manera.
No le dije nada, pero lo observé en silencio desde lejos. Había algo en su comportamiento que me decía que, tal vez, todo lo que había pasado entre nosotros no fue en vano. Pero también entendía que eso no cambiaba nada entre nosotros. Era hora de dejarlo ir por completo.
El día de la Culminacio del ese año lectivo, mientras nos reuníamos con todos en el salón, sentí una mezcla de emoción y nostalgia. Había muchas caras conocidas, pero también había un aire de cambio, de nuevos comienzos. Aunque no podía evitar sentir cierta tristeza al dejar atrás ese año, también sabía que era hora de mirar hacia adelante.
Durante la fiesta de despedida de ese año, vi a Oroitz una vez más. Nos miramos por un segundo, pero esta vez no sentí ese peso en el pecho que siempre me había acompañado. Sabía que ya no era la misma persona que había sido antes. Había aprendido muchas lecciones a lo largo del camino, y por fin estaba lista para seguir adelante.
Al final del día, cuando todo terminó y comenzaba el verano, me sentí aliviada. Había cerrado ciclos, arreglado con mis amigos y había dejado ir lo que ya no me servía. El futuro se veía incierto, pero por primera vez en mucho tiempo, me sentí preparada para afrontarlo con una sonrisa.
"Todo acabó bien este año lectivo", pensé, mientras miraba hacia el horizonte, lista para escribir un nuevo capítulo en mi vida.
Continuara...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.