capitulo#32

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Aisha se alejó con Emir y sus amigas, sin mirar atrás.

Su corazón latía con fuerza en su pecho, su respiración estaba agitada, y las lágrimas no dejaban de caer por sus mejillas. Sentía un dolor profundo, un dolor que jamás creyó que Oroitz sería capaz de causarle.

Él la había engañado.

Le había mentido todo este tiempo.

Lo amó con cada parte de su ser, creyó en él, se aferró a una esperanza que ahora se desmoronaba ante sus ojos. Y lo peor es que aún dolía.

Aisha sintió que sus piernas temblaban. Cami y Yuli se acercaron rápidamente a sostenerla.

Tranquila, aquí estamos, Aisha. —susurró Cami, con una dulzura que contrastaba con la furia en sus ojos.

No vale la pena que llores por él. —dijo Dami, cruzándose de brazos. Pero incluso su tono firme tenía un dejo de preocupación.

Aisha tragó saliva, intentando contener más lágrimas, pero el dolor era demasiado grande.

Detrás de ellas, Oroitz seguía en el mismo lugar.

Paralizado.

Viendo cómo Aisha se alejaba de él.

Y entonces, cuando el eco de sus pasos desapareció...

Las lágrimas que había contenido comenzaron a caer.

Oroitz sintió cómo el peso de sus propias palabras se derrumbaba sobre él como una avalancha. Recordó el dolor en los ojos de Aisha, el temblor en su voz, la forma en la que su mundo se rompió por su culpa.

Se llevó una mano a la cara, cubriéndose los ojos, mientras dejaba escapar un sollozo.

"Soy un imbécil."

Había perdido a Aisha.

Por su propia culpa.

El aire estaba pesado, el ambiente tenso, y el corazón de Aisha latía como si quisiera salirse de su pecho. No podía creer lo que había pasado.

Emir caminaba a su lado, en silencio, sin soltar su mano. Sus amigas, Cami, Yuli y Dami, los seguían a unos pasos de distancia, dándoles su espacio, aunque no dejaban de mirarla con preocupación.

Aisha seguía temblando.

No por el frío. No por cansancio.

Sino por la avalancha de emociones que la golpeaban una y otra vez.

Rabia. Tristeza. Desilusión. Dolor.

Y en el fondo, una parte de ella aún quería entenderlo.

Pero no había explicación posible.

Oroitz le había mentido. La ilusionó, la dejó soñar con un amor que jamás existió, y cuando ella creyó en él con todo su corazón, la destruyó.

Se pasó una mano por el rostro, secándose las lágrimas con torpeza. El pecho le dolía, como si alguien estuviera apretándolo con fuerza.

Emir, que no había dicho una sola palabra desde que la abrazó, la miró de reojo.

Aisha... —susurró su nombre con cautela, como si tuviera miedo de hacerla llorar más.

Flores MoradasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora