capitulo#24

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Los días pasaban entre risas con mis amigas y un torbellino de emociones dentro de mí. Aunque trataba de distraerme con ellas, con sus ocurrencias y la energía contagiosa que traían a mi vida, siempre había algo que me hacía volver a Oroitz.

Cada vez que me miraba, cada vez que me hablaba con esa voz suave y cargada de algo que no lograba descifrar, mi corazón se aceleraba. Me repetía a mí misma que esta vez sería diferente, que Oroitz realmente estaba comenzando a verme como yo siempre lo vi a él. Y en medio de todo esto, la vida en el colegio seguía su curso, llena de momentos que, aunque efímeros, se sentían inmensos en mi mundo.

Por otro lado

Las gemelas, Yuli y Cami, siempre lograban sacarme una sonrisa cuando más lo necesitaba. Eran una mezcla perfecta entre dulzura y locura, siempre dispuestas a hacer de cualquier situación algo divertido.

—Aisha, ¿y si dejas de pensar en tu Romeo por un día y mejor vamos a hacer algo más importante? —dijo Cami, tirando de mi brazo.

—Sí, como pintarnos las uñas de negro en señal de rebeldía —añadió Yuli con una sonrisa traviesa.

—O teñirnos el cabello de rosa, solo por el drama —continuó Cami, exagerando una pose de modelo.

No pude evitar reír.

—Chicas, no voy a teñirme el cabello... todavía.

—Bueno, entonces podemos hacer una lista de las razones por las que Oroitz debería rogarte por tu amor —bromeó Yuli, haciendo que Cami estallara en carcajadas.

Dami, en cambio, tenía otra forma de apoyarme. Ella no era del tipo que endulzaba las palabras, pero siempre sabía qué decir cuando lo necesitaba.

—Escúchame bien, Aisha. Si Oroitz sigue jugando contigo, lo que necesitas es dejar de esperarlo como si fuera tu última opción de felicidad —dijo Dami con seriedad—. Tienes a Emir, tienes a nosotras. No puedes estar esperando a que él decida qué quiere hacer contigo.

Suspiré.

—Lo sé... pero es difícil.

—Lo que es difícil es verte dándole tanto poder sobre ti. ¿Sabes cuántos chicos mataría por estar contigo y tratarte como mereces?

Dalia, mi mejor amiga, era más paciente conmigo. Ella entendía mi corazón roto y mis dudas, pero también sabía cuándo darme un empujón.

—Mira, Aisha, no te voy a decir que dejes de sentir lo que sientes —dijo mientras estábamos en su casa, viendo películas con su novio Lucas—. Pero quiero que seas feliz. Y si te das cuenta de que esto solo te está lastimando, quiero que te elijas a ti misma.

Lucas, que normalmente no se metía en nuestras conversaciones de "chicas", comentó:

—Yo no entiendo mucho de esto, pero si un chico no sabe si te quiere o no, es porque realmente no te quiere.

Dalia le dio un codazo.

—¡Lucas! No se lo digas así.

—¿Qué? Solo digo la verdad.

Reí un poco, porque Lucas era demasiado directo. Pero en el fondo, sus palabras se quedaron en mi mente.

Primavera


El colegio organizó una actividad especial para celebrar la llegada de la primavera. Todos se regalaban flores amarillas como símbolo de amistad y felicidad. Yo estaba con mis amigas cuando, entre la multitud, vi a Oroitz caminando en mi dirección.

Sentí un cosquilleo en el estómago.

—¡Ahí viene tu galán! —susurró Cami con una risita.

Oroitz se detuvo frente a mí. En sus manos, sostenía una flor. Pero no era amarilla.

Era morada.

Mi flor favorita.

Me quedé mirándola, sorprendida.

—Para ti —dijo, extendiéndomela.

—¿Pero por qué morada? —pregunté en voz baja, sin poder evitar sonreír.

Él se encogió de hombros.

—Porque sé que son tus favoritas.

Mi corazón se aceleró. En medio de tantas flores amarillas, la suya resaltaba más que ninguna. Era diferente. Como si el significado de esa flor fuera otro, algo que solo nosotros entendíamos.

Sentí que mi pecho se llenaba de esperanza otra vez.

—Gracias —dije, tomando la flor con delicadeza.

Nos miramos por unos segundos en silencio. Pero, como siempre, Oroitz no dijo nada más. Solo sonrió un poco y se fue.

Mis amigas me rodearon de inmediato.

—¡¿Qué fue eso?! —exclamó Dami, sorprendida.

—¡Ay, Aisha, te regaló una flor morada en el día en que todos dan flores amarillas! —dijo Yuli emocionada—. ¿Es su forma de decirte algo?

—Si esto no es amor, no sé qué es —bromeó Cami.

Pero Dalia, siempre tan analítica, miró la flor con expresión pensativa.

—Ojalá no te esté confundiendo más, Aisha.

Yo quería creer que no.

Quería creer que esta vez, Oroitz me estaba diciendo algo sin palabras. Que el significado de esa flor era tan especial como lo sentía en mi corazón.

Pero en el fondo, algo me decía que esa mentira en la que estábamos envueltos aún no había terminado.

Y que Oroitz seguía sin saber realmente qué quería.

Y que Oroitz seguía sin saber realmente qué quería

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Flores MoradasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora