Mientras los minutos pasaban con desesperante lentitud, Oroitz recorría las calles de Boston por zonas que nadie más parecía considerar. Estaba decidido. Nadie conocía a Aisha como él... y algo dentro suyo le decía que no estaban tan lejos. Llevaba un mapa, marcaba casas abandonadas, lugares alejados, donde alguien como Ámbar podría ocultarse sin levantar sospechas. Sabía que el tiempo era crucial... y se le acababa.
En la casa del horror, Ámbar estaba completamente embelesada con Emir, sin saber que él sólo actuaba. En medio de su juego falso, mientras él hablaba de cosas sin sentido para mantenerla distraída, ella se le lanzó encima, besándolo de forma intensa, hambrienta de una atención que él no sentía por ella.
Emir contuvo sus ganas de alejarla, pero no podía arriesgarse. Si ella sospechaba, todo su plan se vendría abajo.
Mientras tanto, en otra habitación, Aisha, con una mezcla de miedo e inteligencia afilada, miraba con una sonrisa fingida a Jacke.
—¿Jugamos algo más... interesante? —dijo, bajando la voz en un tono coqueto. Sacandose su Blusa
Jacke se mordió el labio, atrapado por el engaño. Ella le dijo que necesitaba que la desamarrara para hacerlo más intenso. Jacke accedió, sin pensar demasiado.
Aisha se movía con precisión: le pidió que cerrara los ojos, que le daría una sorpresa... lo vendó, lo ató de pies y manos, y susurró al oído con tono pícaro:
—No te muevas... va a ser divertido.
Pero cuando Jacke quedó totalmente inmovilizado, Aisha no perdió tiempo se puso su blusa. Salió en silencio, abrió la puerta de la habitación de Emir y vio la escena: Ámbar besándolo con desesperación.
Se le rompió algo por dentro, pero no dijo nada. Cerró la puerta despacio. El sonido alertó a Ámbar.
—¿Oíste eso? —preguntó.
—Solo el viento —dijo Emir, con voz tranquila, aunque por dentro estaba tenso.
Ámbar siguió besándolo.
Mientras tanto, Aisha buscaba algo con qué defenderse. Rebuscó entre armarios polvorientos, hasta que encontró un viejo cuchillo, un bate, y unas cartas antiguas. No sabía quién vivía allí antes, pero todo eso podía servir.
No tuvo tiempo de pensar.
—¡¡¡Aisha!!! —gritó Jacke desde su cuarto al notar que lo habían engañado— ¡¡Dónde estás maldita!!
Aisha corrió hacia el sótano, apretando el bate y el cuchillo en sus manos. Se escondió entre cajas y mantas sucias, conteniendo la respiración.
—
Ámbar soltó a Emir al escuchar los gritos de Jacke y corrió hacia la habitación, encontrando a Jacke vendado y amarrado.
—¡¿Qué pasó?! —gritó Ámbar.
Jacke gritaba furioso, retorciéndose—. ¡¡La muy perra me engañó!!
Emir apenas pudo contener una carcajada. Verlo así le dio un mínimo alivio.
—No puedo creer que caíste tan fácil... —murmuró entre dientes, y fue tras Ámbar con pasos medidos.
Mientras ella buscaba por la casa, Emir fue sigiloso hasta el sótano. Allí estaba Aisha, temblando pero decidida. Cuando él la vio, corrió hacia ella y la abrazó con fuerza. Ella le entregó el cuchillo.
—Lo encontré... y esto también —le mostró el bate.
Emir lo guardó.
—Tengo una idea —le dijo con voz baja—. Le diré que te encontré y la traeré acá. Tú haz lo que tengas que hacer, pero no te pases. ¿Sí?
Aisha asintió con determinación. Estaba lista.
—
Emir regresó a la parte de arriba y le dijo a Ámbar:
—La encontré. Está en el sótano.
Ámbar, rabiosa, bajó corriendo. Pero apenas entró, Aisha le descargó un golpe en la cabeza con el bate.
¡¡PAM!!
Ámbar cayó, pero se retorció. Aisha volvió a golpearla, con toda su rabia contenida. Emir intervino justo a tiempo, sujetándole los brazos.
—¡Ya, Aisha! ¡Ya! ¡Se va a morir! ¡La necesitamos viva para salir de aquí!
Ámbar quedó inconsciente en el suelo.
Aisha respiraba agitada, con lágrimas en los ojos.
—Perdón... pero no aguantaba más...
Emir la abrazó de nuevo.
—Lo hiciste bien... muy bien. Ya casi estamos fuera.
Pero en el exterior... algo más sucedía.
Una vecina un poco lejana de el lugar, una mujer mayor que vivía en una casa al fondo, notó los gritos que salían por las noches, los movimientos extraños, las luces encendidas en horas raras.
Esa noche, levantó el teléfono.
—Hola... sí, policía. Quiero reportar algo sospechoso en la casa del número 47 de Maple Street. Creo que algo malo está pasando allí...
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Flores Moradas
أدب المراهقينcada momento, en cada persona los recuerdos no salen de la mente
