Capítulo 84

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¡Muy buenas tardes! Mi plan era escribir algún OS para celebrar el cumpleaños del Kazuya, pero como no se me ocurrió absolutamente nada, opté por adelantar la actualización como modo de festejo. Así que disfruten y no se contengan con las cachetadas que le quieran regalar al cumpleañero. 

Granade

El hielo redujo su hinchazón y el dolor. También lo ayudó a sosegar su conmoción, a detenerse un instante a asimilar que el malestar somático no opacaría nunca a la turbación que luchaba por eclipsar la angustia de que alguien querido fuera dañado físicamente del mismo modo que él.

La sangre seca alrededor de la comisura de sus labios fue lavada con agua y jabón. Procedimiento hecho con delicado tacto y paciencia para no provocar un malestar adicional.

Ella tomó e inspeccionó sus muñecas. No había hematomas ni dificultad para doblarlas, extenderlas o girarlas. Solamente estaban las marcas de manos que las sujetaron con demasiada fuerza y violencia.

—Evite tocar o lamerse el labio porque podría empeorar la irritación y aumentar el riesgo de infección.

—Entendido.

Su petición de que volviera a casa y olvidara lo que había visto fue denegada con palabras, con actitudes y acciones. Se convirtió en una terrorista que se infiltró en su fortaleza para establecerle sus términos y condiciones; una negociación injusta que aceptó a regañadientes.

Un empecinamiento que lo sobrepasó.

—¿Por qué viniste a buscarme?

—Por su comportamiento sospechoso —respondió liberando su muñeca—. ¿Por qué justamente hoy me preguntaría sobre Tajima y esa mujer? ¿Acaso con su indagación perseguía que le contara sobre otra situación extraña?

Él olvidó que ella era bastante astuta. Y gracias a su ingenuidad estaban sentados lado a lado sobre el lustroso piso de baile cuestionándose sobre el actuar del otro.

—Y como eso fue raro, tuve una corazonada... No obstante, para comprobarla debía localizarlo.

—Por eso sacaste otros temas a colación mientras contestabas a mi interrogatorio.

—No se sienta mal, yo también caí varias veces en ese método. Después de morder el anzuelo en numerosas ocasiones era justo que también aprendiera a hacerlo, ¿no?

—Esa persona es un tanto maliciosa.

—No puedo culparlo. Siempre me salía con la mía al maquillar un poco la verdad.

—¿Le llamas «maquillar la verdad» a mentir descaradamente? —inquirió arqueando sus cejas—. No me sorprende que esa persona haya buscado formas para atraparte.

—¿Por qué se oye feliz de que exista alguien a quien no pueda engañar?

—Ojalá no estés desperdiciando tu intelecto embaucando a la gente.

—Por supuesto que no. También lo empleó para obtener buenas calificaciones.

La miró y quiso golpearse a sí mismo otra vez por su imprudente descuido.

—Quería saber si había visto nuevamente a su ex pareja, ¿no es así?

Los mutismos prolongados también gritaban verdades.

—Salí a cenar con unos amigos. Y él estaba en el mismo establecimiento.

Su confesión malogró su semblante, tensándolo bajo el velo de la culpa y la pesadumbre.

La misma impotencia que ella sentía hacia su acosador era la que encontraba en esos afligidos ojos avellana.

—Mis amigos no son precisamente emisarios de la paz, por lo que en cuanto lo vieron con intenciones de acercarse, se levantaron de la mesa. Y eso lo hizo retroceder.

Sweet TemptationDonde viven las historias. Descúbrelo ahora