Capítulo 85

38 5 2
                                        

¡Buenas tardes! ¿Alguien pidió de regalo navideño una actualización de esta historia? Espero que sí, porque aquí la traigo. Disfrútenla mucho, así como lo hicieron con su cena navideña. Y bueno, quizás sus ganas por desgreñar a Kazuya aumenten un poco más. ¡Nos leemos hasta la próxima!

Lies

El regreso a Seidō fue silencioso y pesado como el ambiente que sobreviene a la amarga derrota de un partido importante; como si todos buscaran refugio en la confidencia de sus pensamientos.

Algunos dormían vencidos por el calor del verano. Otros escuchaban música o perdían el tiempo en su celular. Pero él tenía puesta su atención en el atardecer que nacía del otro lado del cristal de la ventana.

Ignoró el asiento vacío a su costado como desatendió cada mirada fisgona que lo siguió desde su regreso de los sanitarios hasta que abordó el autobús. Mas no podía desechar la conversación que tuvo con Sora; sus palabras no lo abrasaron tanto como lo hizo la decepción mostrada en sus ojos. Decepción que él mismo originó ante su propia incompetencia.

Si Sora no lo hubiera ido a buscar jamás se habría enterado del strap extraviado y de aquella cena de la que la excluyó para no inmiscuirla aún más en sus asuntos familiares. Si tan sólo su madre no hubiera aparecido acompañada de aquel idiota cuyo único propósito es fastidiarlo cuando se ven, no estaría sumido en una disyuntiva moral; en ese dilema donde sabía que no estaba obligado a darle acceso a su vida a las personas únicamente porque estas desearan volverse más íntimas con él, también reinaba la culpa y el arrepentimiento por la forma en que Sora se enteró de que entre él y ella existía una línea imaginaria que no tenía permito cruzar.

—Ya llegamos.

Su trance finalizó cuando escuchó a Kuramochi.

—Ah, sí, gracias.

Ellos eran los únicos en el autobús. El resto caminaba hacia la entrada del campus.

—Ella se ha ido en compañía de Umemoto y Natsukawa.

Sora optó por sentarse al fondo junto al resto de las mánager. Y eso era una señal demasiado clara de que no iba a esperar por él.

—Ey, Miyuki.

—¿Qué sucede?

Cruzaron el arco metálico, deteniéndose a un costado de las máquinas expendedoras. Allí únicamente estaban ellos dos.

—¿Ha pasado algo entre Sora y tú?

—No.

—¿Estás completamente seguro?

—Sí. Y no entiendo por qué llegaste a tal conclusión.

—Ella fue a buscarte y volvió antes que tú —señaló, fijando sus ojos en él—. Y justo cuando regresaste pasaste de todos como si fuéramos una gran molestia.

Se encerró tanto en sí mismo que se olvidó de que Yōichi era bueno descifrando a la gente. Y eso le permitiría notar algún cambio en su comportamiento.

—Sin mencionar al chico que te siguió hacia los sanitarios. El que apareció después de que llegaste para reunirse con la mujer que estaba hablando con nuestra reclutadora.

¿La cena no bastó para su madre? ¿Por qué siempre que lo visitaba, Makoto venía incluido en el paquete? ¿Por qué se empañaba tanto en formar parte de su vida cuando él ya no lo necesitaba? ¿Cuál era la necesidad de aparecer frente a sus compañeros de equipo y despertar una curiosidad que lo castigaría?

Guardar silencio no funcionaba con personas como Kuramochi Yōichi.

—No te sientas mal. No todos pueden poner una cara de póker bajo cualquier circunstancia como lo hace Sora.

Sweet TemptationDonde viven las historias. Descúbrelo ahora