Capítulo 42

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Crossfire

Harada no contestó. Ni siquiera se inmutó ante su advertencia, ante lo que esa chica le haría si continuaba asediando a Miyuki.

Sora sabía que sus palabras no serían suficientes para intimidarla. Que una chica de su carácter y desplantes no colaboraría pacíficamente. Por lo que, si buscaba obtener lo que quería, tendría que pedirlo a la fuerza, ignorando las consecuencias que advertía para el futuro.

—Suéltalo inmediatamente.

Estaba consciente de que era la novia de Narumiya Mei. Sabía que, aunque ella no supiera pelear correctamente, arriesgándose a herirse a sí misma, no retrocedería; respondería a cualquiera de sus embistes.

Los golpes. Los moretones. Los posibles desgarres musculares. Todo no era más que una mísera porción del daño colateral que se vendría cuando ambas decidieran olvidarse de que en algún momento se llevaron bien. Pasarían a la acción para defender su postura, para imponer su voluntad sobre la otra.

Menos de un metro las mantenía apartadas. Una miserable distancia que podía difuminaría en segundos.

—¿Souh? —pronunció al buscar a la persona que sujetaba su muñeca, extinguiendo el puñetazo que estaba destinado para la persona que no deseaba negociar a través del diálogo.

—No necesitas llegar a estos extremos. —No la soltaría hasta que hiciera caso a su petición. Y para llegar a ello, correría cualquier riesgo.

—Golpeó a Kazuya. No puedo pasarlo por alto. —Forcejeó para liberarse, mas él no la soltó—. Déjame hacerlo.

—No resolverás nada golpeándola. Solamente crearás una pelea innecesaria por una situación que puede resolverse de otra forma.

Cuando el cólera engullía por completo a su razón se olvidaba de la lógica, de las cosas malas que se avecinarían como consecuencia de sus acciones; lo único que imperaba era mitigar esa furia para que la paz volviera a acompañarla.

—Kazuya... Ve lo que le hizo. —Jamás se imaginó que él podría terminar malherido en manos de la novia de Narumiya.

—Él se lo buscó. —No iba a quedarse callada. Al diablo lo que pensaran de ella—. Le dije que hablara por las buenas, pero como el exasperante e idiota que es, no dijo nada. Incluso tuvo el maldito descaro de fingir que no me conocía. —Apretó con mayor fuerza el cuello de quien se esforzaba por no terminar ahogado—. No entiendo por qué demonios lo estás defendiendo tanto cuando él ni siquiera lo hizo contigo ante esa loca obsesionada. Y en cambió dejó que hiciera de las suyas hasta llegar al punto en que Mei y tú fueron difamados del peor modo posible.

Yūki no podía debatir contra ese punto. Porque era absolutamente cierto. Ese hombre no sólo no le puso un alto total a Ena Oshiro, sino que también le prohibió encargarse del asunto.

—Un idiota sin agallas, que deja que cualquiera haga y deshaga su vida, no merece la misericordia de nadie. Mucho menos la de su novia.

—¡Sora-senpai, la extraña y salvaje tiene toda la razón! ¡Deje que siga corrigiendo a Miyuki! ¡Se lo merece por ser el peor novio que puede llegar a tener una mujer! —Nadie sabía si Sawamura soltaba tal comentario para apoyarla o para seguir disfrutando del maltrato del cácher que tantas malas jugadas le había hecho.

—Le dije a ese idiota que hiciera algo al respecto. Que para variar fuera hombre. Mas nada. —Kuramochi había pasado de una suave preocupación a regodearse por lo que estaba viendo. Tal vez la capitanía le sentaría mejor a él.

—Deberíamos aprovechar que está distraída para rescatar a Miyuki. —Lo que Furuya proponía era lo correcto, lo que se debía hacer. Sin embargo, no recibió apoyo.

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