Troublemakers
Llegó a casa y saludó a su familia que recién terminaba de cenar. Se apresuró a ducharse y vestir la ropa más cómoda del día. Tomó su teléfono celular y le marcó a la persona con la que tenía un asunto que resolver.
—¡Sora! ¡Es toda una novedad el que me estés llamando! ¿Lo has hecho porque al fin te has dado cuenta de que soy el mejor pitcher de todo Japón y deseabas decírmelo antes de irte a dormir?
No estaba esperándose un saludo ordinario de su parte. Lo que dijo superaba con creces cualquier otra cosa que se hubiera imaginado.
—No —respondió secamente—. Te marqué por otro motivo.
—¿Por los rumores que se han creado de nosotros dos?
—Sí.
—¿Por qué no hiciste nada? ¡Esa tarde que nos vimos me juraste proteger a Kazuya de esa maniática! —Era inevitable que los reclamos no llovieran—. ¡Y mira todo lo que pasó! ¡Todos en Inashiro creen que estoy engañando a mi reina! —expresó con una molestia pasiva.
Quería mostrarle más enojo, pero probablemente se controlaba a sí mismo por ser la novia de Kazuya.
—Mei, mi intención era hacerlo. Sin embargo, tu queridísimo amigo me dijo que abortara la misión. Que todo se iba a arreglar solo.
Ahora ambos estaban enfadados.
—Sora, jamás sigas las peticiones de Kazuya. Sólo te traerán problemas. Es como una zarigüeya. Finge que está muerto para alejar a sus depredadores.
—Hoy todo mundo anda con las analogías con animales...
Primero Kuramochi y ahora el Rey de Tokio.
—Despreocúpate. Yo directamente me haré cargo de todo este problema —aseguró.
—No es necesario. —Le advirtió—. Es algo que solucionaré personalmente y con mucho gusto. Tú solamente debes seguir parándote en tu montículo y continuar lanzando como si nada hubiera ocurrido.
—Se oye como si fuera a correr sangre. —Le divertía. Claro que lo hacía. Especialmente porque no era su pellejo el que estaba en riesgo.
—Dejando eso de lado, no te llamé para informarte sobre mi resolución. Si no para hacerte un llamado de atención.
—¿A mí? ¡¿Por qué?! —Se afrentaba con tanta facilidad.
—Tu novia vino a Seidō, buscando a Kazuya. Y no precisamente para charlar sobre béisbol. —Narumiya la dejó continuar—. ¡Lo cacheteó! Y no satisfecha con eso, le lanzó pelotas de entrenamiento como si fuera un animal indeseable.
—¡Mi Anna jamás haría algo como eso! —Sabía que Annaisha no era una frágil flor de cerezo. Mas de eso a que hiciera todo lo que Sora le relataba, la parecía una locura; simplemente impensable.
—¿Qué ganaría yo con mentirte? —espetó temperamental—. Le dio una cachetada que le dejó toda la mejilla inflamada. Y aparte tiene hematomas en todo el torso —relató con menos injundia—. Sé que Kazuya tiene parte la culpa en todo esto, pero ni él merecía un trauma como el que hoy le produjo Harada-kun.
—No me lo creo. —¿Por qué estaba siendo tan obtuso? —. Mi hermosa reina no llegaría a esos extremos. Sobre todo, al saber que puede lesionar a Kazuya de gravedad e imposibilitarle seguir jugando.
—Puedes venir a visitarlo mañana mismo si quieres para que te des cuenta de que no estoy exagerando.
—Oh, hablamos después Sora.
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Sweet Temptation
Hayran KurguÉl representaba en más de un sentido a los demonios que inútilmente había intentado sumir en lo más profundo de su pasado. Ella no era más que una extraña que le desconcertaba y le hacía percatarse de que incluso el lobo más solitario puede disfruta...