Bienvenidos al mundo de Seventeen.
Disfruta de las cortas historias que te traigo de cada integrante, porque todas merecemos soñar con ellos 🖤.
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Pensé que regresar al lugar que me vio crecer me ayudaría a sentirme mejor, pero no lo hizo. Solo aumento la pesadez en mi cuerpo y el entumecimiento de mi mente.
¿Qué diablos hacía aquí si ya tenía una vida en la ciudad?
Fácil, solo había un nombre que rondaba mi mente en cuanto decidí visitar a mis padres.
Kim MinGyu.
El amor de mi vida, aquella persona a la que le rompí el corazón con decisión y dolor la última vez que estuve aquí, un diciembre de hace tiempo. La fecha me perseguía a todos lados y hacía que mi corazón se estrujara al recordar la cara que tenía cuando terminé con él.
¿Por qué lo hice?
La verdad es que no sabía una razón exacta, simplemente fui tonta y me dejé llevar por mis emociones sin pensar en las de él, las cuales siempre fueron buenas, pero yo las rompí. Una por una, las estropeé sin darme cuenta qué tanto lo estaba dañando.
Papá y mamá me recibieron con un sentimiento de extrañeza al ver que su hija volvía después de unos años. Me preguntaron la razón de mi repentina visita y lo único que pude decirles es que los extrañaba. Era verdad, en cierta parte. Sin embargo, mi regreso tenía un objetivo con nombre y apellido.
—Puedes invitarlo a cenar, seguro se alegrará al escuchar que estás aquí —dijo mamá con una sonrisa maternal, pero sabía que algo me ocultaba.
El teléfono en mis manos temblorosas solamente me decían que no estaba preparada para verlo de nuevo, no después de aquella noche donde lo dejé para siempre. Me atreví a mandarle un mensaje contándole, amablemente, que estaba en casa y que si estaba bien vernos un rato.
No hubo respuesta inmediata, incrementando mi ansiedad. Una hora después, recibí un mensaje de su parte saludándome brevemente para dejar el chat por unos segundos hasta que me contestó con un "está bien" y el nombre de una cafetería en el centro.
No iba a mentir, me sentía muy nerviosa al verlo de nuevo porque todavía seguía enamorada de él.
Pensarlo me enchinaba la piel porque enseguida pensaba en lo mucho que lo había lastimado aquella noche de diciembre.
Llegué a la cafetería diez minutos antes de la hora acordada y pedí por los dos, recordando lo que solíamos pedir cuando salíamos juntos.
Movía mi pierna ansiosamente mientras veía por la ventana para tratar de encontrarlo hasta que al fin apareció en mi visión al entrar a la cafetería. Lucía increíblemente atractivo y se notaba más maduro, con su rostro serio y sus cejas ligeramente fruncidas. Al verme relajó un poco sus facciones, pero la seriedad continuaba en él.