CAPITULO 138

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LAUREN

No sé cuánto tiempo llevo sin respirar.

Porque mi cuerpo simplemente deja de responder.

Su llanto es un sonido fuerte.

Inesperado.

No lo veo.

La tela azul sigue levantada entre nosotras y el equipo médico.

Sigue siendo una barrera.

Pero ya no importa.

Porque sé que ese llanto es suyo.

De nuestro hijo.

Desde este lado de la tela azul, el quirófano sigue moviéndose con la misma precisión de hace unos minutos. El olor a antiséptico permanece suspendido en el aire. Las lámparas blancas caen sobre el campo quirúrgico con una intensidad casi irreal. Escucho el roce de las batas estériles, el sonido metálico de los instrumentos al cambiar de manos, la voz serena de la doctora pidiendo el siguiente material y a la pediatra preparándose al otro lado, lista para recibirlo.

Mis pulmones finalmente reaccionan y el aire entra de golpe. Me doy cuenta de algo absurdo.

Sigo sujetando la mano de Camila con tanta fuerza que prácticamente estoy enterrando mis dedos entre los suyos.

Aflojo inmediatamente.

LAUREN: Perdón... (susurro, Acaricio con cuidado su mano fría por la anestesia)

Ella gira apenas la cabeza hacia mí.

Tiene los ojos completamente húmedos.

Una lágrima resbala por su sien hasta perderse bajo el gorro quirúrgico.

CAMILA: ¿Está... bien?

Mi garganta se cierra.

Quiero responderle.

Quiero decirle que sí.

Pero todavía nadie lo ha dicho.

Y por primera vez desde que llegamos al hospital...

no tengo una respuesta.

Camila juntas sus labios mientras yo intento encontrar alguna respuesta en los movimientos del equipo médico

Entonces la doctora habla.

Su voz atraviesa todo el ruido del quirófano con una tranquilidad que jamás voy a olvidar.

DOCTORA: Bievenido Liam

Las palabras llegan a mí.

Pero tardan un instante en encontrar su lugar.

Un niño.

Nuestro hijo.

Y entonces...

lo escucho nuevamente.

Primero es un sonido pequeño.

Una protesta breve.

Como si el mundo acabara de sorprenderlo.

Después toma aire.

Y el siguiente llanto llena por completo la habitación.

Es fuerte.

Claro.

Lleno de vida.

Rebota contra las paredes blancas, contra el acero de los instrumentos, contra las luces del quirófano, hasta llegar directo a mi pecho.

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