CAPITULO 129

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LAUREN

No me separo del todo.

No quiero.

Mis manos siguen en su rostro, como si necesitara confirmar que está aquí, que esto es real, que no se va a desvanecer si parpadeo.

La miro.

Y entonces empieza.

Todo.

De golpe.

LAUREN: ¿Te has sentido mal? (Cuestiono, casi sin aire) -¿Desde cuándo? ¿Por eso en la mañana...? ¿Por eso no me contestabas?

Las palabras salen rápido, una tras otra, sin orden.

No es interrogatorio.

Es... urgencia.

Es querer entender.

Es querer cuidar.

Camila sonríe apenas.

Esa sonrisa suya, tranquila, contenida, pero con algo más ahora.

Algo que me desarma.

CAMILA: He tenido algunos síntomas (dice suave) -Náuseas, cansancio, por eso fui al médico.

Asiento.

Demasiado rápido.

Procesando.

Encajando piezas.

LAUREN: ¿Y... cuánto tiempo tienes?

La pregunta sale más baja.

Más cuidadosa.

Como si tuviera miedo de la respuesta.

Ella no duda.

CAMILA: Catorce semanas.

El mundo no se detiene esta vez.

Se reorganiza.

Mi mente entra en automático.

Catorce.

Semanas.

Hago el cálculo.

Instintivo.

Rápido.

Y entonces...

cae.

París.

Mi respiración se corta un segundo.

La miro.

LAUREN: Francia...

No es pregunta.

Es confirmación.

Todo pasa por mi cabeza en un instante.

El viaje.

El reencuentro.

Nosotras.

La forma en que nos encontramos de nuevo después de la distancia.

Las noches.

Las risas.

Las manos.

El amor.

Todo.

Y ahora... esto.

Exhalo.

Lento.

Incrédula.

LAUREN: Estabas embarazada desde entonces...

Mi voz baja, No por duda, Por asombro.

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