CAMILA
SABADO
Amanezco despacio.
No abro los ojos de inmediato porque mi cuerpo todavía está medio sumergido en ese estado tibio entre sueño y memoria. Lo primero que siento no es el habitación es a ella.
Lauren.
Su brazo está alrededor de mi cintura, pesado y cálido, firme incluso dormida, como si hasta inconsciente su instinto fuera mantenerme cerca. Respiro hondo y entonces lo noto.
La sensación en mi cuerpo.
No es dolor como tal... es más bien una especie de sensibilidad profunda, nueva, extraña pero no mala. Como cuando un músculo trabajó más de lo habitual y al día siguiente recuerda lo que hizo. Hay una ligera presión, una conciencia distinta de mi propio cuerpo. No me hace fruncir el ceño. Me hace... pensar.
Anoche.
Dios.
Mis mejillas se calientan solas al recordarlo.
No fue brusco. No fue torpe. No fue nada de lo que algunas voces me habían hecho imaginar. Fue lento, cuidado, hablado, sentido. Hubo momentos de intensidad, sí, pero siempre envueltos en esa manera suya de sostenerme, de preguntarme con el cuerpo y no solo con palabras.
Trago despacio.
Y entonces sonrío apenas.
Porque lo que más recuerdo no es el momento en sí, es cómo me sentí.
Segura.
Muevo un poco las caderas con cautela, probando. La sensibilidad sigue ahí, suave, como un eco físico. No me quejo. No me tenso. Solo registro. Mi cuerpo está consciente de sí mismo de una forma nueva, pero no lastimada.
CAMILA: Mmm...
El sonido se me escapa bajito sin querer.
Lauren se mueve detrás de mí.
No despierta del todo, pero su brazo se ajusta más a mi cintura y su nariz roza mi nuca en un gesto dormido. Sonrío otra vez, más amplio ahora.
Entonces recuerdo el resto.
Después de eso...
habíamos terminado riéndonos.
Literalmente riéndonos.
Porque la tensión se rompió, porque los nervios se fueron, porque el silencio se volvió ligero. Terminamos pidiendo algo de cenar tiradas en la cama, todavía abrazadas, compartiendo el teléfono mientras discutíamos qué ordenar como si no acabáramos de cruzar una frontera emocional enorme juntas.
Habíamos comido ahí mismo, entre sábanas desordenadas, dándonos bocados una a la otra, burlándonos, besándonos con sabor a salsa y especias.
Y después hicimos el amor.
Como siempre.
Sin prisa. Sin pruebas. Sin curiosidad.
Solo nosotras.
Vuelvo al presente cuando siento sus dedos moverse sobre mi abdomen, aún dormida, trazando una línea lenta como si mi piel fuera algo que no quiere soltar ni soñando.
Mi pecho se aprieta suavemente.
Porque eso es lo que más me quedó de anoche. No la intensidad, no la novedad.
Sino ella. Su cuidado. Su paciencia.
Su forma de mirarme como si yo fuera algo frágil y poderoso al mismo tiempo.
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NUESTROS PERFECTOS DEFECTOS
FanficDicen que en la vida tenemos 3 amores, cada uno es diferente y dejará algún mensaje, El 1° que llega en la adolescencia, el que te enseña a querer, te llena de ilusiones y parece un guión de película. El 2° te enseña el dolor y te aferras a él aún q...
