CAPITULO 132

782 40 5
                                        

CAMILA

El restaurante no es discreto.

Es elegante.

Pero de esa elegancia que quiere ser vista.

Puertas altas.

Cristal impecable.

Luz cálida que cae desde lámparas perfectamente calculadas.

El reflejo del mármol pulido devuelve una versión de mí, intacta.

Camino.

Tacones firmes.

Paso medido.

El sonido acompasado se mezcla con el murmullo bajo de conversaciones caras.

El maître ya me está esperando.

No pregunta.

No duda.

MAÎTRE: Licenciada Jauregui.

Asiento apenas.

CAMILA: Buenas noches.

Me guía.

Entre mesas.

Copas.

Perfumes que se mezclan en el aire.

Y entonces los veo.

Ya están de pie.

Todos.

El socio.

Y él.

El jefe.

Hombre mayor de rostro agradable, cabello ligeramente con canas y ropa formal, pero no para imponer.

JEFE: Licenciada Jauregui.

Extiende la mano.

Firme.

Pero con algo distinto a comparación de la mesa en la que m senté ésta mañana.

Interés real.

No autoridad.

No superioridad.

Interés.

Tomo su mano.

Seca.

Controlada.

CAMILA: Buenas noches.

Nos sentamos.

La silla se desliza sin ruido.

Todo aquí está diseñado para no interrumpir.

Pero lo que está por pasar, sí va a hacerlo.

No espero demasiado.

No vine a socializar.

Vine a cerrar.

CAMILA: Antes de empezar (Digo)

Coloco mi bolso a un lado.

Mis manos sobre la mesa.

CAMILA: Recibí la documentación.

El socio asiente.

Rápido.

JEFE: Bien.

Se inclina apenas.

Atento.

CAMILA: Y lo primero que debo decir es que su operación tiene potencial.

Pausa.

Los miro.

Uno por uno.

CAMILA: Pero también tiene vacíos importantes.

NUESTROS PERFECTOS DEFECTOS Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora