—Así que...— hice una pequeña pausa —Han sido tus primeras palabras hacia alguien ¿en cuánto tiempo?— pregunté mientras terminaba de beber el dulce frío líquido que me iba a regalar unas buenas cientos de calorías.
Él pareció analizarlo un momento, tal vez haciendo una cuenta mental o solo gastando tiempo para no tener que contestarme. Pasó la lengua por sus labios y me miró brevemente antes de escribir en una nueva servilleta.
"En 1.278 días" solté aire suavemente, él incluso contaba el tiempo, no solo era un calvario para él, sino para su familia y amigos, yo me sentía abrumada, era un largo tiempo. Más de tres años manteniéndote todo solo para ti, sin explotar.
—Toda una bomba de tiempo— dije para mí misma, pero él me escuchó y ladeó su cabeza confundido —No me hagas caso, son anotaciones que hago para mí misma— me encogí de hombros.
Seguro se había comunicado con la gente, pero no con palabras, solo gestos. Debía ser difícil intentar explicarlo todo sin utilizar el lenguaje que te fue enseñado y de conocimiento común. No sé qué sería de mí si no pudiera hablar tanto como lo hago.
>>¿Cuántos años tienes?— había olvidado las preguntas convencionales, tal vez porque éramos un caso especial, pero a veces esa clase de preguntas eran necesarias para traer armonía a un ambiente.
No tardó mucho en tomar la hoja de papel absorbente frente a mí para escribir: "26", asentí.
—Eres un anciano— levantó una comisura de su boca —Tengo diecinueve, gracias por no preguntar, que caballero eres— él se encogió de hombros, sacudí la cabeza antes de mirarlo bien —¿Solías hablar mucho?— él miró a la mesa, tomó el lapicero.
Connor se quedó mirando la hoja, probablemente no muy seguro de que decir o escribir, en su caso, lucía algo incómodo o confuso, cuando sus emociones se mezclaban, las mías se confundian.
"Solía tener muchos amigos" deduje que la respuesta era afirmativa, o era una evasiva, no estaba segura.
—Aún no es tiempo de preguntar por qué, lo dejaremos así, por ahora— él asintió y yo me puse de pie —Voy al baño— caminé hacia la barra para preguntar la ubicación del recinto, reí ante mis pensamientos, recinto sonaba tan sagrado y precisamente no iba a santificarlo.
Entré en un cubículo, y me baje los pantalones para hacer lo que fui a hacer, detalles innecesarios, solo debo decir que me reí mucho mientras me acomodaba la ropa, incluso seguí riéndome mientras me lavaba las manos y luego mientras volvía a sentarme frente a Connor, él me miró raro, sin entender muy bien qué era lo que pasaba.
"¿Qué es tan gracioso?" escribió en la servilleta.
—No quieres saber— sus ojos brillaron en reto —Vas a pensar que es estúpido— se encogió de hombros como diciendo: pruébame, suspiré buscando calmarme.
>>Está bien, fui al baño— él asintió —Hice lo que tenía que hacer— me quedé callada un momento no muy segura de si seguir —Y bueno, acomodándome las bragas— una expresión pícara apareció en su cara haciendo que me diera calor —Me di cuenta de que me las puse al revés, la costura está hacia fuera en vez de hacia adentro y solo pude pensar: "supongo que durarán un mes más"— me sonrojé porque bueno, había sido algo vergonzoso, pero gracioso, debía asegurarme la próxima vez que tuviera afán de ponerme la ropa como era.
Cerré los ojos un momento pensando que Connor solo iba a verme como una tonta, pero extrañamente ocurrió lo que no había ocurrido, Connor Foreman rió, una perfecta y nítida carcajada salió de su garganta, haciéndome sonrojar y sonreír, era un sonido tan estremecedor y abrumador que prácticamente lo sentí recorriendo todo mi cuerpo, me mordí el labio, verlo reír era mucho más sexy que verlo sonreír. Había escuchado pequeños sonidos salir de su boca, pero nunca uno con tal potencia que hiciera que tu mundo tuviera el sonido como su melodía favorita.
ESTÁS LEYENDO
El Pianista
RomanceSophia Jones es todo lo que no esperarías que fuera, al menos con un pasado como el suyo, es alegre, extrovertida, sarcástica y básicamente nunca se calla. Connor Foreman es todo lo contrario, no habla, trata de no expresar nada y está tratando cons...
