Narra Violetta
Ya sé que Michael me había pedido que corriera hasta el almacén abandonado pero algo me decía que no tenía que dejarle allí y mucho menos solo. Es obvio que tengo muchas ganas de ir a donde León pero no podía abandonar a Michael. Me había salvado la vida, aunque claro fue él mismo quien provoco la situación. Estoy eternamente agradecida por todo lo que ha hecho por mí y no podía pagárselo así. Abandonándole solo ante el peligro no es una buena idea para agradecérselo.
Me paré en seco y miré hacia atrás. Escaneé aquel edificio mortal y un escalofrío me recorrió todo el cuerpo.
-Debo estar loca – me dije
Acto seguido comencé a correr hacia el edificio y volví a entrar. ¿Dónde estaría Michael? En eso, escuché unos pasos e instintivamente los seguí. ¿Qué podría salir mal? ¿Cuántas veces había burlado a la muerte ya? Ni el mismísimo Voldemort había llegado tan lejos.
Me metí en una de las salas y vi a Michael. Sonreí y me acerqué a él. Me agaché y enseguida se giró al sentir mi presencia.
-Violetta, ¿qué haces acá?
-No podía dejarte solo – le confesé
-Está bien – me contestó – que sepas que si no salimos de esta te echaré la culpa.
-Ni lo sueñes, esto es culpa tuya – le di un golpe en el hombro.
Me miró con desaprobación y comenzó a forcejear la caja fuerte que estaba en el despacho. Sabía que me tenía que ocupar de vigilar y eso fue lo que hice. Instintivamente miré mi reloj y vi que eran las 2:26. No sé si llegaríamos a tiempo con los chicos. Una sensación desagradable se apoderó de mi pecho y suspiré. ¿Había hecho bien dando la vuelta para ayudar a Michael? Ya sé que hice lo correcto, pero mi corazón deseaba estar con León en este momento. Si no hubiese mirado atrás quizás estaría en sus brazos en estos momentos.
-Ya casi está Violetta – me sacó Michael de mis pensamientos y asentí. Michael se había dado cuenta de que algo me ocurría – Violetta – captó mi atención nuevamente y le miré – te prometo que vamos a llegar - sabía que mi cara reflejaba angustia y asentí para calmarle.
2:28
-Lo tengo - habló – le miré como si hubiese descubierto la pólvora – tenemos que largarnos y ya – comenzó a correr y agarró mi mano llevándome con él.
Paró en el pasillo y me frenó en seco para no pasar antes que él. Miró a un lado y a otro y cuando se aseguró de que no había nadie comenzamos a correr. Salimos por la puerta del edificio y comenzamos a correr hacia el almacén.
Eran las 2:29.
-Michael no vamos a llegar – dije sin aliento mientras corría
-Violetta – le miré – piensa en lo que más quieres en este momento y lucha por ello.
Parpadeé confusa y se me vino la imagen de León a la cabeza. No sé cómo pero comencé a correr más rápido y Michael igual.
-¿Estas completamente enamorada de León, eh? - me soltó de repente Michael
-Si - me sonroje.
-Él también de ti - me respondió.
Ya quedaba menos de 1 kilómetro para llagar al almacén. Ya eran las 2:30, hace exactamente tres segundos. Comenzamos a correr más rápido y por fin localizamos la camioneta. Vi a León a lo lejos agarrándose de los pelos, cosa que siempre hace cuando está desesperado. No pude evitar sonreír cuando lo vi. Eran tan hermoso, pensé que nunca más le iba a ver.
Vi como Linc se acercaba a Fernando y a León, Linc le señaló que subieran a la camioneta porque veía que no llegábamos.
-Corre Michael - le apresuré - se van a ir sin nosotros.
Michael asintió y seguíamos corriendo.
Eso que León miró en mi dirección y levanté la mano para que nos pudiese ver. Se quedó extraña mirando hacia a mi y enseguida me reconoció.
-Son ellos - le escuché decir a Leon.
-Si - dije victoriosa.
León comenzó a correr en mi dirección y Fernando y Linc también. Cuando llegó a mi altura me abrazó como si fuera la última vez que nos fuéramos a ver. Fue un abrazo tan sincero que cerré mis ojos con fuerza para fundirme en sus brazos. Sentí nuestras respiraciones cansadas y nuestros corazones iban a un ritmo muy acelerado, latiendo juntos. Se me formó una sonrisa enorme y hundí mi cara en su cuello.
-Pensé que nunca más te vería - me dijo
-Yo también pensaba lo mismo - y mis lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas.
