Narra Violetta
Estaba tan asustada que empecé a respirar más seguidamente, más bien estaba hiperventilando. Estaba petrificada mirando para aquel hombre y aquella pistola. Entonces me sonó el teléfono y pegué un brinco.
-¿A qué esperas?- dijo el hombre- cógelo y no sueltes una palabra de que estoy aquí. Di que todo va bien sea quien sea.
Asentí con la cabeza rápidamente
-Dale niña- gritó.
Agarré mi celular y vi que era León.
-¿Sí?- contesté temblorosa. El hombre sacó un papel donde escribió ''Sé más convincente''.
-¿Todo bien amor?- me preguntó León.
-Sí- carraspeé porque me tembló la voz- todo bien amor, ¿llamabas por algo?
-No, solo para saber si habías llegado bien- hizo una pausa- seguro que va todo bien- me volvió a preguntar.
-Todo bien- lo último que haría mientras estuviese viva es poner en peligro la vida de León.
-¿Promesa de oso?- siempre nos preguntábamos eso para saber si de verdad todo iba bien. Hacía referencia a la película de ''Tierra de oso'', nos encantaba esa película. No se puede romper una promesa de oso.
-Claro- en el momento que respondí eso, León sabría que algo iba mal. En nuestra promesa clave había que responder promesa se oso y nada más que eso- Adiós León, tengo que colgar.
-Muy bien chiquita- me felicitó el hombre- has sonado bastante convincente, te felicito.
-Gracias supongo- contesté.
-¿Qué haces Bagwell?- le recriminó otro hombre a su espalda.- Baja la pistola- le ordenó- dijimos que no usaríamos la pistola ni retendríamos a nadie.
-Callate Michael- gritó el tal Bagwell.
-No escuchas cuando te habla- dijo otro- baja la pistola Bagwell- ordenó- perdona señorita no va a pasarle nada de verdad- le miré extrañada.
-¿Me están cargando? Me están apuntando con una pistola- dije histérica.
-Callate chiquita- Bagwell.
-Baja la pistola- le dijo el hombre cuyo nombre aún no sé.
-No pienso bajarla Linc.- ¿Linc? ¿Qué nombre es ese?
En ese momento Bagwell iba a apretar el gatillo de la pistola y Michael me empujó con él al suelo. Abrí los ojos como platos y lo siguiente que vi fue a Michael con una bala en el brazo y Linc atinándole un puñetazo a Bagwell.
-Chavos- apareció un hombre bastante bronceado- ¿qué has hecho?
De repente se escuchó la sirena de policía. Me levanté del suelo y vi a Michael en el suelo desangrándose. Ese hombre me acaba de salvar la vida, ¿entienden?
-Tenemos que irnos ya- dijo el hombre bronceado.
-Michael hermano- dijo Linc- mírame.
Vi que Bagwell salía corriendo. No podía dejar que se fuese.
-¿Confían en mí?- los tres me miraron -No se muevan de acá, ¿está bien?
Los tres asintieron.
Salí corriendo por donde mismo había salido Bagwell. Intenté ser lo más sigilosa posible. Vi que se paró y entonces salté sobre su espalda. Los policías no tardaron en llegar.
-¡Acá!- grité.
-Muy bien señorita- me ayudó a levantarme uno de los policías- nos encargamos nosotros.
-Está bien, iré a mi casa, seguro que querrán preguntarme cosas- los policías afirmaron
Al girar la esquina corrí hacía mi casa y entré nuevamente por la puerta de la cocina.
-Siganme- les ordené.
Entonces Linc y el hombre bronceado levantaron a Michael del suelo. Los llevé al trastero y les di lo necesario para que curaran a Michael.
-Quédense acá- dije- voy a volver, lo prometo.
Salí y los encerré con llave. Corrí hacia la cocina y me encontré con la silueta de León.
-Violetta- me abrazó- pensé que era tuya la sangre.
-León tenemos que limpiar esto- dije- YA
-¿Qué?- me miró sorprendido
-Confía en mí por favor- asintió con la cabeza.
Limpiamos todo y quitamos todos los rastros de sangre que había de Michael. Sabía que los policías habían escuchado el disparo por lo que tenía que simular que había habido indicios de un disparo. Agarré una piedra del jardín y rompí la ventana de la puerta.
-Violetta- se asombró León- ¿estás loca?
-Te voy a explicar todo- solté- te lo prometo, pero ahora confía en mí. Sentate y actua normal.
León se sentó junto a la encimera y yo a su lado. Entonces apareció un policía y comenzó la ronda de preguntas.
**
-Bueno señorita- dijo el policía- ¿está segura de que solo vio a Bagwell?
-Completamente- afirmé.
Acto seguido guardo las fotos de Michael, Linc y el hombre bronceado llamado Fernando.
-Muchas gracias por su ayuda- dijo- ha sido muy valiente.
Asentí con la cabeza y los policías se marcharon. Mi padre no tardó en llegar y nada más verme cruzó todo el salón y me abrazó.
-Hija- se le salieron las lágrimas- no sabes lo mal que lo he pasado.
Abracé fuerte a mi padre y le tranquilicé. Yo también había pasado mucho miedo. Cuando aquel hombre me apuntaba con la pistola el último pensamiento que se me pasó por la cabeza fue él y también León.
-Dale las gracias a León- dije- él sabía que algo no iba bien.
León sonrió y mi papa nos abrazó a los dos.
**
Una vez pasado el susto llevé a León al trastero conmigo. Al abrir vi que Michael estaba mucho mejor y ya no sangraba. Los tres estaban allí todavía como les había ordenado.
Entré y León también y cerré la puerta tras nosotros.
-Tienen 10 minutos para darme una explicación de por qué no debo entregaros.
