37.

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Como último puse perfume y me miré en el espejo, me gustaba lo que miraba, me asombraba que mi autoestima me ayudará.

Esperó y así pueda gustarle a Joel.

Mi madre me llevaría al resturante y se sorprendió cuando le dije, ya que era el más caro de la cuidad pero le inventé que iría con amigos de la universidad y me creyó, mi madre siempre confíaba en mí, lo cuál me ponía mal mentirle.

Mire el reloj faltaban veinticinco minutos para las ocho.
Salí de mi habitación con una sonrisa, estába muy nerviosa.


- Que hermosa estás hija.- mencionó mamá con una sonrisa.- Ese vestido te queda muy lindo.-

- Gracias mami.- sonreí.

- ¿Ya te llevó?.- preguntó y asenti.


En éso sonó mi teléfono, era Zabdiel.


- Hola Zab.- dije alegré.

- Ju...Juliana, te necesitó.- su voz se escuchaba quebrada; estaba llorando.

- ¿Qué pasa? ¿Ocurrió algo?.- dije preocupada.

- Mi... tía está en el hospital, tuvo un accidente y está muy mal.- muy apenas y podía hablar.

- ¿Qué?.-dije asustada.- Ahorita mismo voy para allá, ¿en cuál hospital?.-

Zabdiel me dijo el nombre del hospital y la llamada finalizó, guardé el teléfono.

- ¿Qué pasa hija?.- dijo mi madre asustada por mí actitud.

- La tía de Zabdiel... necesitó que me lleves al hospital ahora mismo.- caminé a la puerta, olvidando por completó lo demás.

Subimos rápidamente al auto  y llegamos lo más pronto al hospital. Mire a Zabdiel a lo lejos en la sala de espera, corrí hacia el y lo abraze.

- Tranquilo, todo estará bien.- susurre.

- Ella es todo lo que tengo, no se que haría sin ella.- cada vez lloraba más, con mis manos limpie sus lágrimas.

- Ella estará bien confía en Dios que así será.- tomé su mano fuertemente.

- El accidente fue en la mañana, es por éso que no fui a la universidad.-

- ¿Y por qué no nos dijiste la verdad a Richard y a mí?.-

- No quería preocuparlos con mis problemas.... pero simplemente ya no pude, necesitaba compañía.-  se recargo en la pared.

- Nunca pienses éso, tus problemas son míos y los amigos para éso estamos para apoyarnos, no estás sólo Zabdi.- dije sincera.

- Gracias.... pero porfavor no le avises a Richard.-

- Pero... ¿por qué? tiene derecho a saber.-

- Se cómo es y siempre a estado para mí, ya no quiero convidarle de mis problemas, se que quedra pagar los gastos del hospital y simplemente ya no puedo, a estas alturas le debo mucho dinero, no quiero que piense que abuso de su buen corazón.-

En éso salió el médico, Zabdiel se acercó a él rápido.

- ¿Como esta mi tía?.- dijo alterado.

- La paciente necesita una operación urgente, lo cuál es costosa.-


Mencionó y Zabdiel se dejó caer llorando aún más.

- No tengo el dinero suficiente.- con sus manos cubrió su rostro.

- Tranquilo...- lo abraze.- Realize la operación, hagan lo que tengan que hacer, pero salven a la señora, se lo suplico.- le dije al médico.

- Joven tiene que pasar a firmar para tener el permiso de someter a la paciente a operación.- el doctor se fue rápido.

- Ve a firmar, vamos.- Lo tomé de la mano.

- No tengo ése dinero, como voy a pagar.- dijo intranquilo.

- Por éso no te preocupes, yo te voy ayudar.- entonces recordé la cantidad de dinero que Joel me había pagado aquél día en que lo ayude como secretaria en su empresa.

- No Juliana como crees, por éso mismo no quise llamar a Richard para que no piense que....- lo interrumpi.

- Nadie piensa nada, somos tus amigos y los amigos se apoyan siempre en las buenas y en las malas.-

Mi madre escuchaba nuestra conversación.

- Zabdiel yo también te ayudaré, la salud de tu tía es lo importante.- lo abrazó.

Después de convencer a Zabdiel, fue a firmar. Ahora estábamos en la sala de espera le había comprado un té a Zabdiel para que se tranquilizara un poco y al parecer si había funcionado se quedó dormido en mí hombro.

- Enserio ma, tu vete a dormir tranquila, te levantas muy temprano para ir a trabajar.- dije.

- No quiero dejarlos solos.-

- No te preocupes, estaremos bien... cuidare de él.-

Después de tanto pude convencer a mamá de que fuera a descansar.

Zabdiel seguía dormido en mí hombro, recargue mi cabeza en la de él.
Mire el reloj eran las doce y media de la madrugada. Me sentía mal por Joel, no pude ir, y lo peor es que no tenía su número de teléfono para haberle llamado y explicarle, lo más seguro es que pensó que no quise ir, pero lo que no sabe es que casi me mori de felicidad por él hecho de que me invitará a salir, si supiera que está noche puse todas las ganas en mi para verme de lo mejor para él. Pero al final de nada sirvió, porque los amigos son primero.










Esperó y les haya gustado:(

Pobre Yol:'vv ahre.

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No me importas. | Joel Pimentel.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora