Gogo y Yamikumo son las estrellas de la serie televisiva My Hero y son muy reservados acerca de su vida privada.
Nadie sabe sus verdaderos nombres.
Su edad exacta ya que aveces ambos chicos parecen muy maduros para su edad.
Su familia.
La última es...
A cada día que pasaba Midoriya se preocupaba más por Kirishima.
Se veía cansado y nervioso pero siempre estaba ahí para sonreírle a todos.
Pese a su vergüenza y terror inicial ahora le llevaba el almuerzo hasta las puertas del gimnasio sin tanto dramatismo y le deseaba suerte como una persona normal.
Y Kirishima le sonreía radiante cada vez que lo veía.
Todavía no comprendía porque ese simple gesto le hacía retumbar el corazón.
Habían bailado juntos, el pelirrojo solía acariciarle la cabeza y un par de veces le dijo palabras dulces.
Pero eran sus sonrisas las que hacían que su corazón retumbara como loco. Eran bellísimas, se le hacían pequeños ojuelos en los cachetes y sus ojos se cerraban por un momento.
Tan encantadoras que el pobre corazón de Midoriya enloquecía de solo verlas.
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—¿Deku-kun? ¿Estas bien? —Ochako le picó una mejilla con el palito de madera que usaba para comer — ¿Me estabas escuchando?
— ¿Sí? —su amiga entre cerró los ojos con desconfianza —No...lo siento.
La castaña cruzó su brazos y le sonrió desde hace unos días su amigo parecía perdido en las nubes.
Y como Tenya no estaba para frenarla ya que estaba muy ocupado con una reunión del consejo estudiantil se le ocurrió una brillante idea.
La castaña sonrió con malicia.
Era hora de sacarse unas "dudas".
Mejor dicho era momento de confirmarlas.
— ¿En qué pensabas? —pregunto con falsa inocencia y vio como el pecoso se sonrojaba un poco.
—E-En nadie —nervioso se tapó la cara cuando la castaña se acercó demás a él — ¡E-Estas muy c-cerca Ochako-san!
El pecoso le había mentido así que iría sin piedad tras él.
—Deku-kun dije en que pensabas, no en quien así que voy a hacer una suposición...- hizo una pausa para aumentar el suspenso —Estabas pensando en Kirishima-kun, ¿verdad?
¡Boomb! En menos de dos segundos Izuku estaba como tomate y empezó a murmurar un montón de cosas incomprensibles para ella.
Lo detuvo agarrando de los cachetes, bruscamente. Su amigo iba a morir joven si seguía pareciendo pariente de los tomates cuando se avergonzaba.
Una vez vio a el pecoso regular su respiración lo soltó y se alejó de él para que se relajará.
—Deku-kun —lo llamo suavemente —Soy tu amiga, puedes contarme lo que quieras.
Izuku trago pesadamente tras oír esas palabras, le alegraban y le hacían sentir culpable porque le estaba ocultando cosas a Uraraka desde hace mucho.