XX "La Fiesta"

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Vale POV

Desperté sintiendo un penetrante aroma a manzana y canela instalándose en mis fosas nasales y unos brazos alrededor de mi cintura.

Al abrir los ojos confirmé lo que me temía, me encontraba en el pecho de Lucía, escuchando su corazón latir tranquilo.

Despertar a su lado se había vuelto una costumbre la cual no me gustaba... bueno si, pero no quería asimilarlo.

Por Dios, no soy lesbiana, ni bisexual y mucho menos pansexual, siempre me han atraído los hombres, y eso no cambiaría por la llegada de una argentina estúpida con bonita sonrisa, cuerpo de modelo, ojos hermosos y...

...mierda, ¡mierda!, ¡MIERDA!

Me separé de ella bruscamente sin importarme despertarle o no, Lucía reaccionó abriendo sus orbes verdes de forma asustada y mirándome confundida, le sostuve la mirada un momento y, cuando se disponía a abrir la boca para hablar, salí de la habitación.

Camine hacia mi baño, tallando mis ojos con fuerza, esa estúpida pesadilla me había orillado a buscar nuevamente su consuelo.
Debo aprender a solucionar estas cosas por mí misma, ya no puedo depender de nadie.

Me asee y luego baje a la cocina para prepararme el desayuno, sólo para mí, comí observando mi movil, por lo visto nada nuevo había sucedido en la vida de los famosos de los cuales estaba al tanto.

--Hola Val, ¿como andas?--dijo una voz ronca a mis espaldas que me hizo estremecer sin querer.

Me giré para mirar a Lucía sobre mi hombro y responderle la pregunta-- Bien extranjera, estoy mejor que nunca.

--Me alegro de que hayas descansado bien--soltó con una media sonrisa sincera y adormilada.-- ¿Hay café?

Me giré ignorandole, no quería hablar más de lo debido con ella.

Escuché cómo se dirigía a la cocina--Permiso-- habló fuerte para que pudiese escucharle a esa distancia. Sentí como movía un par de trastes y dos minutos más tarde, llegó a sentarse frente a mí con un café negro y una tostada con aguacate, pavo y huevo.--Es increíble que tengan pavo embutido acá, allá lo único que tenemos es carne de res o cerdo, y no estamos acostumbrados a desayunar así de pesado, casi siempre son unos mates con masitas de agua y alguna mermela-

--¿Puedes callarte? Me gusta el silencio en la mañana, así que ve a fastidiar gente a otro lado y no hables mucho que tu voz es un puto dolor de cabeza-- le solté bruscamente.

Realmente me agrada esucharle hablar, pero no quiero verla, me odio por esto.

Su sonrisa desapareció lentamente a la vez que sus ojos brillaron de confusión, curvando su ceño sin lograr comprender mi repentino cambio de humor. Su mirada se obscureció.

--¿Hice algo malo?

--Tu sola presencia.-- esa frase salió en un ruido gutural, casi un gruñido.

Le ví bajar la mirada y, contra todo pronóstico, suavizar su rostro.

--Como vos digas, gallega--contestó escupiendo las palabras, tomó su desayuno y desapareció por la puerta trasera.

Horas más tarde

Estábamos almorzando Bruno, la criolla y yo en la mesa principal de la mansión, Lucía había estado jugando con Apolo en el patio y no me había dirigido la palabra en lo que iba de mañana. El silencio engullia el ambiente y mi hermano se mostraba confundido ya que las miradas que nos dábamos con la Argentina contenían sentimientos vacíos y una frialdad absoluta, por mi parte, trataba de ni siquiera levantar mis ojos.

Heredera de La VerdadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora