Benedict llegó a casa, y lo único que anunció su presencia fue el ruido de la puerta al cerrarse. Amelia caminó rápido hacia la sala cuando lo escuchó.
—Me despidieron. —fue lo que dijo Ben cuando la vio.
—¿Qué?, ¿qué pasó? —interrogó ella descolocada
—Hice justo lo que me dijiste que no hiciera... —la miró avergonzado—. Lo siento mucho...
—No me digas que...
—Sí, golpeé al sugar daddy... —la interrumpió.
—Benedict... —Amelia se cubrió la cara—. ¡Te dije que no!
—Él intentó golpearme primero.
Amelia apartó lentamente las manos de su cara.
—¿Tom intentó golpearte?
—Sí. Y yo fui más rápido.
—Ben...
—No pude contenerme. De verdad lo siento.
—No puedo creer que hayas hecho esto... —murmuró ella, dejándose caer sobre el sofá—. Ha sido un gran error.
—No sabes lo bien que se sintió.
—¡Eso no ayuda! ¡Te despidieron! —vociferó mirándolo—. Todo por lo cual tanto trabajaste se fue a la mierda por mi culpa...
—Amelia, yo decidí hacerlo, no es tu culpa... —trató de decir él.
—Ha sido un gran error... —repitió ella.
—Oye, no te preocupes... —murmuró sentándose en una silla frente a ella—. Tengo ahorros, no es demasiado, pero servirán al menos por unos meses...
—Pero era tu empleo, maldición...
Él bajó la mirada, sintiendo una repentina congoja. Hasta ese momento había intentado restarle importancia a lo ocurrido, pero verla llorar le hizo comprender cuánto le afectaba realmente haber perdido su trabajo. Por más que se esforzó en mantener su habitual semblante hierático, no consiguió esconder la tristeza frente a Amelia.
Ella se levantó del sofá y caminó hasta quedar detrás de él. Sin decir nada, pasó los brazos alrededor de su cuerpo y apoyó una mano sobre su pecho, abrazándolo con suavidad.
—Trabajé años en el Imperial... —balbuceó cabizbajo—. No puedo mentirte... me afecta...
La mujer no podía pronunciar palabra alguna, se sentía muy culpable por la situación, y lo único que le quedaba era apoyarlo.
—Pero estaremos bien, te lo prometo... —dijo mirándola por sobre su hombro.
—No lo sé, Ben... —susurró mientras lo abrazaba—. Todo parece complicarse... traigo mala suerte...
—Somos científicos, no creemos en la suerte, ¿lo recuerdas?
Ella soltó una risa desaminada.
—Es cierto...
—¿Sabes qué mejora todo? —interrogó Ben poniéndose de pie y yendo a la cocina—. Una taza de chocolate caliente... ¿Me ayudas a prepararlo?
Ella asintió, secándose las lágrimas.
Caminaron a la cocina uno junto al otro.
—Somos fuertes... lograremos salir adelante... —murmuró Ben.
—Es lo que más espero...
—Así será... —respondió.
Estuvieron un rato en silencio, hasta que Ben tuvo la iniciativa de romper la tensión.
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Panacea Universal
Fanfiction❝El que jamás ha llorado y sufrido en soledad, nunca podrá entender cuan dulce puede llegar a ser el verdadero amor❞ ➤En lugar de una larga parrafeada contándote de qué se trata esto, prefiero dejarte algunos comentarios de mis queridas lectoras: ❝L...
