—¿Señora Amelia? —habló una mujer frente a ella.
Amelia levantó la cabeza de golpe y se puso de pie en menos de un segundo. Había pasado tanto tiempo observando las mismas baldosas del hospital que durante un instante le costó comprender quién era aquella mujer de bata que la miraba.
—¿Cómo está él? —fue lo primero que consiguió articular—. ¿Está vivo?
—Está vivo y estable, no se preocupe —respondió la doctora.
Amelia cerró los ojos. Todo el aire que parecía haber mantenido atrapado dentro de los pulmones durante las últimas horas salió de una vez. Se cubrió la boca con una mano y comenzó a llorar nuevamente, aunque esta vez las lágrimas parecían distintas.
—Gracias a Dios... —murmuró.
—Fue una cirugía algo compleja —continuó la doctora cuando Amelia consiguió tranquilizarse un poco—. Sufrió una fractura grave en la clavícula izquierda y tuvimos que trabajar bastante para repararla. Además, presentaba numerosas heridas que debieron ser suturadas y varias contusiones producto del impacto. Pero, considerando las características del accidente, hemos obtenido un resultado muy favorable.
Amelia asintió, aunque apenas conseguía procesar las palabras.
—¿Su cabeza? —preguntó de pronto, recordando el casco destrozado—. Vi su casco en la carretera. Había sangre y...
—Entiendo. Lo hemos evaluado y vamos a seguir vigilándolo. Por ahora está consciente y no hemos encontrado nada que nos haga pensar en una complicación inmediata. Tendrá que permanecer en observación.
Amelia volvió a asentir.
—¿Puedo verlo?
La doctora sonrió levemente.
—Acaba de despertar de la anestesia. Probablemente esté algo desorientado y adolorido, pero sí. Puede verlo.
Amelia la siguió por el pasillo con las piernas todavía débiles. Mientras caminaba, pensó que llevaba horas preparándose para escuchar algo horrible. Había imaginado a un médico diciéndole que Benedict estaba grave, que no sabían si sobreviviría. No se había permitido imaginar la posibilidad sencilla y maravillosa de encontrarlo vivo.
Cuando entró a la habitación, lo vio con los ojos cerrados, ligeramente incorporado sobre la cama. Tenía el brazo izquierdo inmovilizado, vendajes y parches repartidos por el cuerpo, un corte cerca de la frente y el rostro mucho más pálido de lo habitual.
Pero respiraba.
Amelia se quedó inmóvil junto a la puerta. Durante las últimas horas había pensado en todas las cosas que quería decirle si volvía a verlo. En aquel momento no recordó ninguna.
—Benedict... —murmuró.
Él abrió lentamente los ojos.
La mujer caminó hacia la cama y se puso de rodillas junto a ella. Tomó su mano derecha con ambas manos y la apretó con cuidado.
—Me asustaste tanto... —comenzó a decir mientras las lágrimas volvían a caerle—. Te seguí, después encontré el embotellamiento y dijeron que había chocado una motocicleta... Casi me muero cuando vi que era la tuya.
Benedict la observó en silencio durante unos segundos. Todavía parecía adormilado por la anestesia.
—¿Cómo quedó? —susurró.
Amelia frunció el ceño.
—¿Qué?
—La moto.
Ella lo observó incrédula.
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Panacea Universal
Fanfiction❝El que jamás ha llorado y sufrido en soledad, nunca podrá entender cuan dulce puede llegar a ser el verdadero amor❞ ➤En lugar de una larga parrafeada contándote de qué se trata esto, prefiero dejarte algunos comentarios de mis queridas lectoras: ❝L...
