Los seis meses siguientes fueron bastante más agitados de lo que Amelia habría deseado.
La investigación iniciada por el Imperial College London no terminó al día siguiente, como quizás habría esperado la versión más impaciente de ella misma. Durante varias semanas se revisaron correos, registros de pagos, documentos relacionados con su ingreso y las comunicaciones que Philip Spencer había mantenido con Tom. Amelia tuvo que contar la misma historia más veces de las que habría querido y Tom también fue contactado por la universidad para entregar su versión de los hechos.
La carta destruida y posteriormente reconstruida con cinta adhesiva terminó siendo bastante más útil de lo que cualquiera habría imaginado cuando Amelia decidió conservarla dentro de su billetera.
Philip fue apartado de cualquier asunto relacionado con ella mientras duró el procedimiento y, algunas semanas después, dejó definitivamente su puesto en el Imperial. Amelia nunca llegó a saber todos los detalles de su salida de la universidad, ni tenía demasiado interés en conocerlos. Le bastaba con saber que Philip ya no tendría ninguna influencia sobre su futuro en el Imperial.
La situación de Benedict fue distinta.
La universidad sostuvo que había cometido una falta grave al acceder sin autorización al expediente privado de una estudiante. Ben tampoco intentó defender lo indefendible: reconoció que había utilizado un acceso que no le correspondía y aceptó las consecuencias de aquello. Sin embargo, la revisión determinó que su despido no había considerado adecuadamente todo el contexto de lo ocurrido, incluyendo las irregularidades que había descubierto en torno al financiamiento de Amelia y el hecho de que Tom hubiese iniciado el altercado físico.
Finalmente, le ofrecieron regresar. La propuesta vino acompañada de su antiguo puesto, una oficina algo más grande e incluso la posibilidad de contar con un asistente de investigación. Benedict rechazó casi todos aquellos adornos que, según él, solo conseguirían llenar su espacio de más personas y papeles.
Quería su trabajo.
Y, si era posible, su antigua oficina.
—Ya conozco dónde cruje el suelo —había explicado.
Amelia no encontró argumentos contra aquello.
Con la revisión del despido concluida, la única condición que había puesto para regresar al Imperial también se encontraba satisfecha. Aceptó el financiamiento completo que la universidad le había ofrecido, esta vez después de leer cada documento con una atención casi enfermiza, hacer una cantidad probablemente ofensiva de preguntas y comprobar más de una vez que no existía ningún benefactor misterioso escondido entre las cláusulas.
Solo entonces firmó y regresó a estudiar.
Pero aquello no fue ni siquiera lo más extraño que ocurrió durante esos meses.
La demostración de la conjetura de Poincaré comenzó a recorrer el mundo matemático con una rapidez que Amelia no había previsto. El preprint que inicialmente había provocado discusiones, dudas y largas cadenas de mensajes fue estudiado por especialistas de distintas universidades. Llegaron nuevas observaciones, preguntas y solicitudes de aclaración. Algunas noches, Amelia y Benedict volvieron a llenar pizarras enteras únicamente para responder una objeción que terminaba siendo mucho menos aterradora de lo que había parecido en un correo electrónico.
También llegaron las invitaciones.
Seminarios, entrevistas, conferencias y personas que parecían particularmente interesadas en escuchar cómo dos individuos que todavía discutían por quién había olvidado comprar comida para los gatos habían conseguido resolver un problema que llevaba más de un siglo abierto.
ESTÁS LEYENDO
Panacea Universal
Fanfiction❝El que jamás ha llorado y sufrido en soledad, nunca podrá entender cuan dulce puede llegar a ser el verdadero amor❞ ➤En lugar de una larga parrafeada contándote de qué se trata esto, prefiero dejarte algunos comentarios de mis queridas lectoras: ❝L...
