El aeropuerto parecía mucho más grande cuando uno estaba a punto de despedirse de alguien.
Amelia arrastraba su maleta con una mano mientras con la otra sostenía su bolso contra el cuerpo. Dentro llevaba sus documentos, algo de dinero, un libro para el viaje y la pequeña vasija que contenía las cenizas de Anya, cuidadosamente protegida para evitar cualquier accidente.
Tom caminaba junto a ella con su propio equipaje.
Sus vuelos partían con apenas media hora de diferencia, pero hacia destinos completamente distintos. Él regresaría a Londres. Amelia, en cambio, tomaría un avión rumbo a San Petersburgo.
—Todavía puedes cambiar de opinión y venir conmigo —dijo ella mientras avanzaban.
Tom la miró con sorpresa.
—¿A San Petersburgo?
—No. A Rusia no. Me refería a que puedes abandonar tu obra, decepcionar a Diana, provocar el asesinato de Julius y quedarte aquí para seguir lavando mis platos.
—Ah... —El inglés fingió considerarlo—. Es una oferta tentadora.
—Lo imaginé.
—Pero Diana me ahorcaría.
—Es una mujer sensata.
—Deja de ponerte de su lado.
Amelia sonrió.
Habían estado bromeando desde que salieron de Charlottesville, aunque ambos sabían perfectamente lo que estaban haciendo. Ninguno parecía dispuesto a mencionar que, en menos de una hora, dejarían de caminar juntos.
Tom fue quien finalmente rompió el acuerdo silencioso.
—¿Tienes todo?
—Sí.
—¿Pasaporte?
—Sí.
—¿Dinero?
—Sí, Thomas.
—¿Teléfono?
—Sí.
—¿Cargador?
—También.
—¿La dirección del hotel?
—La tengo anotada y guardada en el teléfono.
—¿Y también en papel?
Amelia se detuvo.
—¿Tengo cinco años?
—No, pero...
—Thomas.
—Solo intento asegurarme.
—Tengo veinticuatro años y crucé medio Estados Unidos prácticamente sola. Creo que puedo sobrevivir dos días en una ciudad donde ya viví.
Tom apretó los labios.
—Tienes razón.
—Gracias.
Caminaron otros cuantos metros.
—¿Llevas ropa abrigada?
Amelia cerró los ojos.
—¡Tom!
—Está bien, está bien... No volveré a preguntar nada.
Ella soltó una carcajada y continuó caminando. No estaba enfadada. En realidad, aquella insistencia comenzaba a resultarle entrañable. Sabía que Tom no intentaba tratarla como una niña; simplemente parecía necesitar comprobar que nada malo podía sucederle cuando él no estuviera cerca.
ESTÁS LEYENDO
Panacea Universal
Fanfiction❝El que jamás ha llorado y sufrido en soledad, nunca podrá entender cuan dulce puede llegar a ser el verdadero amor❞ ➤En lugar de una larga parrafeada contándote de qué se trata esto, prefiero dejarte algunos comentarios de mis queridas lectoras: ❝L...
