Olvidar las pastillas anticonceptivas.
¿Cómo diablos puedes olvidar las pastillas anticonceptivas?
Eso pensó Amelia cuando, el día antes de la llegada de Ben, compró un test de embarazo en una farmacia cercana a la casa. Llevaba varios días sintiéndose extraña, aunque había atribuido todo al estrés, a las pocas horas de sueño y a las dos semanas de existencia miserable que llevaba encima. Hasta que, revisando sus cosas aquella mañana, encontró el blíster de anticonceptivos y se dio cuenta de que, durante el viaje a Los Ángeles, había olvidado tomarlos correctamente.
Entonces contó fechas una y otra vez y, vuelta una maraña de nervios, salió a comprar el test.
Esperó en el baño, caminando de un extremo al otro mientras miraba el reloj con una frecuencia completamente inútil. Cuando finalmente se atrevió a tomar el pequeño artefacto entre sus manos, no necesitó demasiado tiempo para entender lo que estaba viendo.
Positivo.
—Embarazada... —dijo sentándose sobre el excusado.
Se cubrió la cara con ambas manos y comenzó a llorar sin control. No había ninguna duda sobre quién era el padre.
Durante las dos semanas siguientes a su regreso de Los Ángeles, Benedict había intentado comunicarse con ella tantas veces que Amelia había terminado silenciando su teléfono para no escuchar las llamadas. Los mensajes, sin embargo, seguían allí.
"Hola, cariño, ¿cómo estás?".
"Supongo que estás ocupada, pero ¿por qué no contestas, aunque sea mis mensajes?".
"Estoy preocupado, cariño".
"Amelia... ¿se puso muy mal Tom?".
"Cariño, me asusta esto...".
"Te envié algunos mails, ¿los recibiste?".
"¿No?".
"Revisa la sección de spam...".
"Amelia, solo dime que estás bien, por favor".
Después de días mirando aquellas palabras sin ser capaz de responder, Amelia finalmente había escrito dos.
"Estoy bien".
La respuesta llegó casi de inmediato.
"Me dejas un poco más tranquilo. Llego mañana a las nueve. Espero que me estés esperando, no sabes cuánto te extraño...".
"Te amo".
Más de dos semanas sin responderle las llamadas, y lo único que ella había sido capaz de hacer era enviarle un mensaje confirmándole que seguía viva. Se sentía un asco por ello, pero no podía hablar con él y fingir que todo estaba bien. Tampoco había vuelto a ver a Tom desde los Oscar. No había contestado sus llamadas ni sus mensajes, y aunque más de una vez había sentido el impulso de saber cómo se encontraba, la sola idea de enfrentarlo nuevamente le revolvía el estómago.
Ahora tenía un test de embarazo positivo escondido entre sus cosas y Ben llegaría al día siguiente. Amelia no durmió.
A las ocho de la mañana ya estaba despierta, sentada en el piso viendo comer a los gatos. Hacía poco habían vuelto a casa, ya que habían pasado su período de reposo y vigilancia después de ser esterilizados. Aquella mañana parecían ser los únicos habitantes de la casa cuya vida seguía un curso razonablemente normal.
Sophie, la más amigable y cariñosa, se hartó de comer primero que los demás y caminó hacia Amelia con elegancia para restregarse contra sus piernas. Ella le acarició la cabeza y el animal respondió con un ronroneo satisfecho, completamente ignorante de que su dueña llevaba cerca de una hora preguntándose cómo se le decía al hombre que amaba que lo había engañado y que, además, estaba embarazada de su exnovio.
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Panacea Universal
Fiksi Penggemar❝El que jamás ha llorado y sufrido en soledad, nunca podrá entender cuan dulce puede llegar a ser el verdadero amor❞ ➤En lugar de una larga parrafeada contándote de qué se trata esto, prefiero dejarte algunos comentarios de mis queridas lectoras: ❝L...
