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El amor empieza con una mirada, se dice con una palabra, se siente con un beso y se pierde con una lágrima.

Manuel Rivas.

—Pero qué guapa, primita. —chifla la rara Montserrat.— ¿A dónde vamos?

Karol le lanza un cojín y asegura que ella no está invitada a formar parte de nuestros planes. Sobre todo porque ella tiene una cita propia con ese chico. ¿Cómo se llamaba?

Ah si, Leonardo.

El hecho es que, bueno, no queremos interrumpir su perfecta cita. Sobre todo porque lo que nosotros tendremos no es una cita. Es más una salida con amigos.

Se me hace raro porque las cosas entre nosotros han avanzado mejorablemente. Desde que ella abrió su vida para mí, me sentía con la responsabilidad de cuidarla y no decepcionarla jamás.

Quizá por eso estoy más que seguro de que no debería faltarle al respeto. No se lo merece bajo ningún concepto.

—¿Nos vamos? —pregunta tomando su teléfono y asiento.— Mamá, ya me voy.

—A las doce. —recuerda la mayor desde la cocina y me río.— Ya lo sabes Manuel.

—Claro que si, señora. Hasta luego.

—Hasta luego. Diviértanse.

Salimos de la casa ignorando a Montserrat que me pide que ya de el bendito primer paso porque Karol lo necesita.

Ella solo niega y asegura que todo esté bien así. Asiento.

En esta relación de hará lo que ella. Avanzaremos cuantos pasos como ella lo permita.

Ni más ni menos.

Preferimos ir caminando aprovechando que el lugar no es tan lejos y que su pie está en perfectas condiciones luego de su caída al estilo doble de acción de película barata.

—¿Sabes qué me pareció extraño? —musito de repente y la miro.— Que Gael se vuelva a poner mal tan de repente. Esta mañana estuvo muy bien.

—Supongo que así es la enfermedad, ¿no?

—Si, sé que sí pero fue difícil ver a un niño tan indefenso sufrir tanto. Creo que es esa la parte de mí trabajo que no me gusta.

—Pero elegiste este camino por una razón. —le recuerdo y ella sonríe.— Estoy orgulloso de ti.

Sonríe, besa mi mejilla y me agradece por eso antes de seguir caminando.

Aunque bueno, yo no estaba mintiendo al final. Realmente me siento orgulloso de ella.

Y de todo lo que está logrando gracias a su valentía y ganas de superar todos sus miedos.

Mi teléfono vibra mientras caminamos, le pido que se adelante un poco mientras contesto. Ella no está muy a gusto con esa idea pero al final se adelanta.

De inmediato me alejo un poco y contesto. He estado planificando esto desde que ella me enseñó la única fotografía que tiene de su hijo.

—¿Manuel? Te hablamos de Sofy's Manual Art. Queremos confirmar que tu pedido está listo y que puedes retirarlo a partir de mañana en la mañana.

—Muchas gracias, es bueno saberlo. —sonrío.— Mañana en la mañana estaré ahí. De nuevo gracias.

Me despido de la persona del otro lado de la línea, me emociona que mi regalo para ella esté listo ya.

Realmente no sabía cómo se lo iba a tomar pero esperaba que bien, realmente lo esperaba porque tenía muchas esperanzas respecto a este regalo. Armar todo un plan con Montserrat para que le robase la fotografía fue casi imposible.

Love HerDonde viven las historias. Descúbrelo ahora