Extraño una parte de mí. Esa que se fue contigo.
Ruggero Pasquarelli.
Me siento especialmente estresado esta tarde. Sinceramente no tengo ganas de nada. Pero aquí estamos al final.
¿Qué por qué me siento tan mal?
Es que bueno, estos tres últimos días había soñado específicamente con una persona. Con la misma que ahora está ahí sentada trabajando como si nada.
¿Por qué tenía que ser precisamente ella?
Es decir, luego de la cena no habíamos vuelto a vernos, pero aún así sigo soñando con ella. Mátenme.
Me remuevo incómodo, esperar a Cande y Gael se me hace un poco pesado ahora mismo. Debí decirle que prefería esperarlos en casa mientras les preparaba una deliciosa y nutritiva cena.
Estoy al borde del colapso.
Entonces su mirada se fija en la mía, me sonríe e instintivamente le devuelvo el gesto. Es inevitable, toda la mala onda que sentía con ella se ha desvanecido.
Niego en contra de mis propios pensamientos. Me estoy volviendo loco.
—Ahí está papá, mi amor. Vayamos a verlo. —enseguida desvío la mirada de Karol.— Hola, piccolino.
—Hey, mis amores. —me pongo de pie.— ¿Cómo están hoy?
—Me duele mucho, papi.
Los ojos cristalizados de mi hijo hacen que todo pensamiento absurdo se desvanezca y me centre solamente en él. Suspiro tomándolo en brazos.
Me duele saber que cada día que pasa se siente más débil y desganado. Es un poco doloroso.
Muy doloroso en realidad.
—Vas a estar bien, mi amor. —susurro besando su mejilla.— ¿Quiéres que vayamos a casa y te prepare tus alfajores favoritos?
—Si. —me da una leve sonrisa.— Si quiero, papi.
—Pues entonces vamos, mi amor. —musito antes de estirar mi mano hacia mí esposa.— Hola, piccolina.
Deposito un pequeño beso en sus labios que ella me devuelve con el mismo cariño. Y cuando me alejo, solo beso su frente.
Me hace bien estar cerca de ella.
Antes de irnos, Cande me pide que me adelante, tiene que hablar con Karol sobre un curso de relajación que van a tomar juntas. Conozco a la mexicana. Es obvio que ella no lo está haciendo por voluntad propia.
Lo hace más bien por obligación de Candelaria. Pero eso es bueno. Su amistad se está haciendo extrañamente fuerte.
Y no es que me desagrade pero... Bueno, no sé.
Apenas llegamos a casa, luego de cambiarme de ropa me dedico a prepararle los alfajores a mi hijo mientras Cande se dedica a la cena. Juntos nos aseguramos de que nuestro pequeño se encuentre bien.
Como siempre sucede luego de las quimioterapias, está muy desgastado y prefiere quedarse en el sillón viendo películas. Me disgusta que sea así.
Pero el doctor nos da muchas esperanzas.
—Prueba. —dice ella llevando una cuchara con salsa a mi boca.— ¿Te gusta?
—Sabe bien. —levanto mi pulgar.— ¿Cuál es nuestro menú de hoy?
—Ya verás.
Sonrió viéndola vertir algunas verduras picadas sobre la salsa. Termino con los alfajores y sirvo un poco de leche de almendras para llevarlos con mi pequeño.
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Love Her
Romance¿Qué sientes cuando ves al amor de tu vida? Muchas veces me pregunté eso, y para saberlo, debía ver la historia desde tres puntos distintos. Jamás imaginé que uno de ellos dolería tanto. Y no iba a ser el mío precisamente.
