14

765 108 73
                                        

No es fácil seguir amando a una persona cuando tienes a otra metida en tu mente y corazón.

Ruggero Pasquarelli.

Esta en serio es una navidad diferente. Y aunque hayan cosas que nos impidan disfrutarlo como debemos, me alegra que toda mi familia esté reunida.

Incluso una nueva integrante que no sabía que existía. Hasta que mi hermano me contó, claro.

Quién diría que de cierta manera, la familia de Karol, e incluso ella, seguirían presentes en mi vida aunque de manera indirecta.

Es raro, realmente raro.

—Ay, me apena tanto que Karol no haya podido venir. —dice mi esposa mientras pica verduras y Montserrat sonríe.— No debiste dejar que se vaya, debiste traerla contigo y así disfrutábamos de estas fiestas con más entusiasmo.

—Era mucho mejor que se fuese. Ella tiene que ir una vez al año por...

De inmediato se queda callada, levanta la mirada y sonríe con nerviosismo mientras niega.

¿Por quién se supone que debe ir?

Enarco una ceja, ella suelta una nerviosa risita y baja la mirada haciendo un gesto de molestia contra sí misma. Así que algo oculta.

—Igual se fue con Manuel. —repone.— Y es bueno porque ayer llamó y dijo que iría a Mazatlán a pasar las fiestas con él. Dos familias van a unirse, toda mi familia con toda la familia de Manuel. Está feliz.

—Me imagino, es que ese chico en serio la hace feliz. —continúa Cande.— Es increíble, ¿verdad?

—Si, ya Karol había tenido un par de novios antes de Manuel. Pero ninguno había sido tan perfecto como él.

Ninguno había sido tan perfecto como él.

¿En serio, Montserrat? Hace unos años nos llevábamos muy bien.

Pero con sus alagos hacia don perfecto, creo que prefiero ignorar esa amistad que hace tiempo tuvimos. Que mal, realmente que mal que diga eso.

Además, ¿por qué mi esposa siempre está alagando al tipo?

Si, ya todos notamos que hace feliz a Karol.

Cambiemos de tema, por favor.

—Papi.

De inmediato bajo la mirada a mi hijo, él sonríe.

Me agacho tomándolo en brazo para luego sentarlo sobre la encimera. Él suspira envolviendo sus pequeños brazos en mí cuello.

—Estoy muy cansado. —susurra.— ¿Podemos ir a dormir?

—Pero ni siquiera hemos cenado, mi amor.

—Pero estoy cansado. —insiste. Me río.— Por favor, papi.

—Anda, amor. Llévalo a acostarse.

Indeciso asiento. Lo tomo en brazos y voy con él hacia su habitación para que se acueste a descansar.

Estuvo todo el día callado, pensativo, no sé. El hecho es que todo el día me preocupó demasiado.

El que hayan dejado que salga de la clínica aunque sea por hoy se me hacía algo muy bueno. Aunque ahora mismo estaba dudando.

No me gusta ver a mi hijo tan ausente, tan desganado, tan todo. Él ya no era el mismo.

Y dudaba que pudiese volver a serlo.

Me dolía esto.

Las cosas se dificultan cada ves más en vez de mejorar. La salud de mi hijo se deteriora con velocidad.

Love HerDonde viven las historias. Descúbrelo ahora