Entre todo y nada te encontré. Y justo ahí aprendí a quererte. Entre mañanas y otoños, entre gemidos y sombras, entre el calor de mis manos y tu piel desnuda.
Karol Sevilla.
Despedirme de Anne había sido una de las tareas más difíciles de mi corta vida. Me sentía mal por ella y por todo.
Admito que dejar la tristeza de lado fue difícil. Y que evitar los encuentros entre Ruggero y Manuel era cada vez más tedioso.
Pero finalmente estamos de vuelta en nuestras vidas, viviendo la relación que dejamos de lado hace unos días.
Hace unas cuantas horas habíamos vuelto del viaje de Argentina, fue un boda preciosa y todo lo demás pero ya era hora de seguir con el trabajo y demás.
Hoy tenía mi último día libre y Ruggero estaba trabajando asi que no tenia mucho que hacer. Aparte con el tremendo dolor de barriga que me cargo, planeo estar en la cama todo el día.
Desde ayer me siento así momentáneamente.
Mareos, dolores de cabeza, más mareos y náuseas a la orden del día. Le dije a Ruggero que quiero ir al médico y dijo que lo haríamos.
Pero tengo consulta dentro de dos días así que debo seguir aguantándome los dolores. Para mi que la gripe volvió y con fuerza.
Me mantengo acostada viendo televisión, todo es relajante hasta que el timbre suena. Refunfuño poniéndome de pie.
¿Quién molesta tan temprano? Son apenas las diez de la mañana.
—Buenos días, vecina.
—Buen día. —sonruo apoyándome en la puerta.— ¿Necesitan algo?
—En realidad si, supe que hoy es tu día libre. Y yo tengo que salir a hacer unos pendientes, ¿crees que puedas cuidar de mi pequeña mientras tanto?
Miro a la pequeña tiene cara de todo menos de pequeña. ¿Es que no puede quedarse sola?
Aún así, sonrío y asiento.
—Vendré tan rápido como pueda.
—Seguro.
—Compórtate, Luci. Vengo más tarde.
—Si, mamá. —responde la obesa niña.— ¿Qué haremos, vecina?
Me despido de la madre, cierro la puerta a mis espaldas y suspiro. No sirvo ni para cuidarme yo y voy a estar cuidando a una mocosa de catorce años.
¿Por qué me cae mal si ni la conozco?
—¿Cuantos años tienes, eh?
—Dieciséis, ¿y tú?
—Veintidós. —explico caminando a la cocina.— ¿Quieres desayunar?
Sus ojos se iluminan, asiente.
Y como no si parece ser bien tragoncita la niña. ¿Cuántos kilos consume al día? Que se cuide.
Ignorando mis pensamientos de víbora venenosa le sirvo algo de comer y aviso que estaré en mi habitación. Tiene todo el departamento para hacer lo que se le apetezca.
Ella asiente, agradece y se queda desayunando en la cocina. Yo me llevo una funda de galletas a mi habitación.
Retomo mi película, y cuando esta termina, veo dos más. Todo suena silencioso, así que pauso mi tercera película y salgo a buscarla.
Paso por la sala, la cocina y ella no está. Finalmente voy al baño del fondo, toco dos veces. Su respuesta se escucha del otro lado.
—¿Estás bien?
ESTÁS LEYENDO
Love Her
Romance¿Qué sientes cuando ves al amor de tu vida? Muchas veces me pregunté eso, y para saberlo, debía ver la historia desde tres puntos distintos. Jamás imaginé que uno de ellos dolería tanto. Y no iba a ser el mío precisamente.
