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Que nuestro amor no tenga fecha de vencimiento.

Karol Sevilla.

No imaginé que mi primer día de trabajo sería tan estresante. Sin duda extrañaba la clínica.

Pendientes aquí y allá, órdenes de todo tipo y muy pocas ganas de trabajar eran las palabras que definían a la perfección mi primer día.

Estaba cansada, los pies me dolían horrores y lo único que quería era llegar a casa y dormir mucho tiempo.

Busco las llaves en el bolso mientras me bajo del taxi. Camino dentro del edificio, saludo a algunas de las personas que me encuentro, y mientras subo las escaleras, pido internamente que Ruggero o Agustín hayan llegado ya y preparado algo de comer.

Me estoy muriendo de hambre.

—¿Karol?

Me detengo de inmediato, mierda. Debí tomar el maldito ascensor.

Trago saliva, maldigo internamente y volteo confirmando que quien me ha llamado efectivamente es la persona que imaginaba.

—Candelaria. —musito y ella me analiza con la mirada.— ¿Qué haces aquí?

—Eso mismo me pregunto yo, no sabía que eras vecina de Ruggero.

—Bueno, vecina lo que dirías una vecina, no soy.

—Pero me imagino que sabes en dónde vive.

—Por supuesto. —asiento y ella sonríe.— Puedo llevarte su quieres.

—Muchas gracias.

Asiento, le pido que me siga y juntas subimos los tres pisos hasta llegar al departamento. Ahora mismo estoy pidiendo que Ruggero no esté.

Agustín mucho menos, ese torpe no sirve para contener la lengua.

Abro la puerta, me hago un lado dejándola pasar. Y entonces me mira y no sé cómo podría describir esa mirada.

Solo sé que no me gusta nada.

—Tienes llaves. —asiento. Se ríe.— ¿Ruggero está?

—Siendo sincera no sé.

—Pues al parecer no, y mientras lo averiguas, estaré en el balcón.

Yo asiento y ella se acerca al bonito balcón buscando una de las sillas. Suelto todo el aire retenido y corro hacia la habitación.

Pero no, no está ahí y tampoco en la habitación que Agustín ocupa. Tal vez salieron a comprar algo o yo que sé.

De inmediato saco mi teléfono del bolsillo de mi uniforme. Quiero que Ruggero sepa que acabo de tener mi primera conversación con su ex novia que por cierto está esperándolo en el balcón de nuestro departamento.

Si, eso no sonó nada lindo.

Mierda, mierda, mierda.

Me detengo cuando la puerta se abre. Maldigo.

—Hola, enana. Creímos que tardarías más en llegar. —musita Agustín. Ruggero lo golpea en la nuca.— ¡Oye!

—Es mí enana hermosa. —recuerda y sonrío. Eso fue lindo.— Hola, mi amor.

—Hola. —susurro recibiendo su beso.—Amor, hay algo que...

—Ruggero...

Él se tensa, yo también.

Agustín muerde su labio inferior. Esto es difícil de soportar sin duda.

—Candelaria. —musita él saliendo de su trance.— ¿Qué haces aquí?

Love HerDonde viven las historias. Descúbrelo ahora