Hay secretos que están mejor guardados que siendo contados.
Karol Sevilla.
No sabía si haberle terminado de contar esa parte de la verdad a Manuel había sido una buena elección. Pero debo admitir que no he notado nada malo en su actitud desde que lo dije.
De hecho, esa parte impulsiva de mí habló ayer, terminé pidiéndole que se quede conmigo. Que me abrazara al dormir como lo hizo la otra noche.
Me costó convencerlo, me está dejando claro que pretende respetarme en todo momento. Y aunque le agradezca mucho eso, admito que quiero que ya deje de respetarme tanto.
Solo lo quiero a él.
Se fue casi a las seis y media, precisamente cuando nadie despertaba todavía. Y aunque tenemos que estar en el aeropuerto a las doce, dijo que tenía cosas que recoger antes de irnos.
Porque si, este año voy a viajar yo sola. Con él, claro.
Sucede que mi madre no tiene permiso en el trabajo hasta después del veinticinco, Leonardo invitó a mi prima a pasar las fiestas con ellos, y Mau, tiene una casi familia con la cual pasar estas fechas.
En pocas palabras, mamá me acompañará a partir del veintisiete. Quiere ver a su nieto, y aunque mi prima y mi hermano también quieran verlo, no podemos negar que es fantástico que tengan planes propios.
Estoy ansiosa porque quiero que Liam conozca a Manuel. Quiero que formen una amistad, y que Manuel compruebe con sus propios ojos que a pesar de todo, mi hijo es el mejor.
La razón del por qué no está aquí conmigo es una situación que aunque intenté controlarla, se sale de mis manos. Tampoco es que pretendo quedarme aquí para siempre, juntaré el dinero suficiente y en cualquier momento me regreso a México para siempre.
Sucede que, como ya no es secreto para nadie a excepción del padre del niño, mi hijo recibe un tratamiento para sus constantes recaídas de cualquier tipo. Y el doctor ha dicho que no es recomendable que viaje hasta que cumpla los cuatro años de edad.
Falta realmente poquito. Estoy feliz de que por fin, después de tanto tiempo de lucha, mi hijo pueda comenzar a vivir como un niño normal.
Los dos primeros años había vivido gracias a los tubos y máquinas que le conectaban. Luchó contra sí mismo para vivir luego de la recaída que tuvo con sólo un mes de nacido.
Realmente había dejado de respirar. Pero los doctores me devolvieron a mí hijo de alguna manera.
Por eso, desde ese momento me prometí que le agradecería a la vida de alguna manera. Comencé a estudiar mi profesión desde ese momento.
Y mientras mi hijo luchaba por su vida, yo luchaba por demostrarle a la vida que valía la pena dejarlo a mi lado.
Hace poquito salió del hospital en donde había estado encerrado prácticamente toda su vida. Su progreso ha sido impresionante, y aunque su salud aún está en tela de duda, sabemos que estará bien.
Lo único que, aunque no me molesta, se le hace irónico, es que mi hijo parece ser una copia exacta de Ruggero. Exceptuando que tiene los ojos verdes como yo.
Al menos algo tenía que sacar de mi.
—Karol, aterriza en la tierra. —Montse golpea mi mejilla.— Mujer, se te hace tarde.
—¿Eh?
—Para ir al aeropuerto, ya son las diez y tú ni siquiera desayunas. Al parecer saliste de bañarte y te quedaste mirando el abismo.
ESTÁS LEYENDO
Love Her
Romance¿Qué sientes cuando ves al amor de tu vida? Muchas veces me pregunté eso, y para saberlo, debía ver la historia desde tres puntos distintos. Jamás imaginé que uno de ellos dolería tanto. Y no iba a ser el mío precisamente.
