CAPÍTULO LII "LUNAS Y SOLES"

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Al abordar el jet me di cuenta que no íbamos a Navolato, no le pregunté a José Manuel la razón, él sabe lo que hace y no pienso provocarle un coraje ahorita

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Al abordar el jet me di cuenta que no íbamos a Navolato, no le pregunté a José Manuel la razón, él sabe lo que hace y no pienso provocarle un coraje ahorita. No me tomó mucho reconocer que estábamos en Badiraguato y que en efecto, sabían que veníamos para acá.

— ¿Entonces Víctor no?

— Así se llamaba ese maldito del Adame ¿Cómo quieres que llame a mi hijo así? Ni de chiste, Manuel si se puede llamar, pero no se puede llamar Víctor ¿Qué te parece Ricardo? — me miró desprendido.

— ¿Quieres que mi hijo se llame como mi papá?

— ¿Por qué lo dices como si no se lo mereciera? No ha hecho otra cosa más que procurar a su pequeño problema.

— Ricardo Manuel — ladeó la cabeza.

— Ni siquiera sabemos qué será, deja de estar con tus cosas, espera a que veamos qué será y entonces, pensamos el nombre que debe tener, aunque si te importa, a mi me gusta César.

— ¿César Manuel o César Ricardo?

— César Ricardo, cuando ellos tengan hijos podrían ponerle José Manuel, además Chris ya se llama Manuel ¿No?

— Creo, Gaby pudo haberlo cambiado.

— Vaya padre que eres, medio despistado.

— No había pensado en el por qué no de Víctor, supongo que tienes razón, pero acéptalo, era una gran combinación.

— No me importa, no se va a llamar Víctor.

— Ya' bien mija, ta' bien.

— Y ésto no es Navolato, es Badiraguato.

— Ay qué chula y lista me salió usted, no cabe duda — nuestro arribo fue bien recibido, esta gente parecía querer demasiado a mi cachito que no soltaba al enojos, me daba risa ver como un michi cargaba a otro michi.

— Patrón.

— Adelita, qué gusto volver a verte — le dio un abrazo —, ella es mi esposa María José y mi hija Quetzalli.

— Señora, Adela para servirle.

— Un gusto Adela, dime María José por favor — miró a la niña.

— Es hermosa.

— Se parece a su mamá — dijo José Manuel mirándome, después apareció un joven que abrazó a Adela.

— Ignacio.

— Patrón, qué gusto tenerlo por acá como siempre.

— Mi esposa María José y mi hija Quetzalli.

— Señora, un placer conocerla — extendí la mano nuevamente.

— María José, por favor — seguimos caminando, perdí la cuenta de cuántas veces José Manuel me presentó, Yordan trataba con otras personas y al parecer hablaban del hospedaje de todos, supongo que José Manuel tiene eso muy bien controlado. Mientras José Manuel e Ignacio charlaban y avanzamos con un rumbo para mí desconocido, me topé con un establecimiento que tenía mi nombre en letras grandes, me sorprendí — José Manuel.

🌹・𝐂𝐢𝐮𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐏𝐥𝐨𝐦𝐨・🌹Donde viven las historias. Descúbrelo ahora