A escasos dos meses de aquellas muertes, es lógico pensar que los problemas del clan Aragón recién comienzan. Con una cartera repleta de enemigos, deberán enfrentar cada obstáculo con el único objetivo de salir victoriosos, para ello, tendrán que ha...
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Al abordar el jet me di cuenta que no íbamos a Navolato, no le pregunté a José Manuel la razón, él sabe lo que hace y no pienso provocarle un coraje ahorita. No me tomó mucho reconocer que estábamos en Badiraguato y que en efecto, sabían que veníamos para acá.
— ¿Entonces Víctor no?
— Así se llamaba ese maldito del Adame ¿Cómo quieres que llame a mi hijo así? Ni de chiste, Manuel si se puede llamar, pero no se puede llamar Víctor ¿Qué te parece Ricardo? — me miró desprendido.
— ¿Quieres que mi hijo se llame como mi papá?
— ¿Por qué lo dices como si no se lo mereciera? No ha hecho otra cosa más que procurar a su pequeño problema.
— Ricardo Manuel — ladeó la cabeza.
— Ni siquiera sabemos qué será, deja de estar con tus cosas, espera a que veamos qué será y entonces, pensamos el nombre que debe tener, aunque si te importa, a mi me gusta César.
— ¿César Manuel o César Ricardo?
— César Ricardo, cuando ellos tengan hijos podrían ponerle José Manuel, además Chris ya se llama Manuel ¿No?
— Creo, Gaby pudo haberlo cambiado.
— Vaya padre que eres, medio despistado.
— No había pensado en el por qué no de Víctor, supongo que tienes razón, pero acéptalo, era una gran combinación.
— No me importa, no se va a llamar Víctor.
— Ya' bien mija, ta' bien.
— Y ésto no es Navolato, es Badiraguato.
— Ay qué chula y lista me salió usted, no cabe duda — nuestro arribo fue bien recibido, esta gente parecía querer demasiado a mi cachito que no soltaba al enojos, me daba risa ver como un michi cargaba a otro michi.
— Patrón.
— Adelita, qué gusto volver a verte — le dio un abrazo —, ella es mi esposa María José y mi hija Quetzalli.
— Señora, Adela para servirle.
— Un gusto Adela, dime María José por favor — miró a la niña.
— Es hermosa.
— Se parece a su mamá — dijo José Manuel mirándome, después apareció un joven que abrazó a Adela.
— Ignacio.
— Patrón, qué gusto tenerlo por acá como siempre.
— Mi esposa María José y mi hija Quetzalli.
— Señora, un placer conocerla — extendí la mano nuevamente.
— María José, por favor — seguimos caminando, perdí la cuenta de cuántas veces José Manuel me presentó, Yordan trataba con otras personas y al parecer hablaban del hospedaje de todos, supongo que José Manuel tiene eso muy bien controlado. Mientras José Manuel e Ignacio charlaban y avanzamos con un rumbo para mí desconocido, me topé con un establecimiento que tenía mi nombre en letras grandes, me sorprendí — José Manuel.