A escasos dos meses de aquellas muertes, es lógico pensar que los problemas del clan Aragón recién comienzan. Con una cartera repleta de enemigos, deberán enfrentar cada obstáculo con el único objetivo de salir victoriosos, para ello, tendrán que ha...
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Logramos convencer a Josué de ir a un lugar diferente al resto, Tatiana mantenía su mirada perdida, yo no podía dejar de llorar, mi hermano había estado tranquilo y el imaginar lo mucho que debe dolerle la pérdida de Yordan me hace enloquecer.
—Ella realmente se fue, él, realmente se fue —susurró Romina—, perdón Tatiana, pero yo vi a esos dos amarse desde que éramos más jóvenes, fueron el primer amor real uno del otro, entiendo que lo amaras, sé que él también te amaba, solo que, con tu perdón, creo que por fin van a estar juntos y me da gusto aunque yo ahora me quiera morir.
—Entiendo, no estuve mucho tiempo con Yordan comparado al tiempo que estuvo Claudia, pero les puedo afirmar una cosa, fue suficiente para que lo amara sin ningún tipo de reserva —miraba su anillo de compromiso—, y lo amaré más y más, esté aquí o no —Gio iba en el asiento del copiloto, me miró unos segundos, logré ver en su móvil que llamaba a José Manuel y éste no le respondió.
—Dale tiempo Gio, era como su hermano, Claudia era su mejor amiga, mi hermano sanó su herida de Macky con Claudia y ahora ella también se fue ¿Comprendes? No te lo tomes personal, está herido, es todo.
—Dale tiempo argentino, no la ha pasado bien, solo dale un respiro y en cuanto se sienta mejor te llamará, Julián no se le va a despegar, está seguro si eso te preocupa —Gio asintió, está pensando detenidamente en algo que le perturba, abracé a Romina cuando vi a Josué mirar demasiadas veces el retrovisor.
—¿Josué?
—Tenemos compañía, señoritas, cinturón de seguridad.
—Mierda, son los Puerto ¿Qué mierdas querén esos hijos de puta? ¡Abajo todas! ¡Abajo! —Josué se puso en marcha, aceleró mientras sacaba su móvil y hacía una llamada, en ese instante comenzaron a dispararnos, Gio sacó medio cuerpo por la ventana y respondió el ataque, entonces supe que tenía que hacer algo también, saqué el arma que se encontraba debajo del asiento y realicé el mismo movimiento.
—¡Eva! ¡Vuelve adentro! ¡Eva! —disparé en varias ocasiones hasta poder tener a la vista a Diego Puerto, sonrió cuando me vió, disparé en su contra para borrarle la sonrisa.
—¡Solo entreguen a la del noreste y los demás podrán irse por hoy! —gritó desde le camioneta, volví a disparar.
—¿Con eso te queda claro de qué se trata? —cambié el cartucho del arma y seguí disparando, Romina y Frida también habían tomado partido en el ataque.
—Eva, dame un arma.
—No querida, es a ti a quien quieren y mi hermano José Manuel dice que nunca debes darle a tu enemigo lo que quiere, mantén la cabeza abajo ¿Sí?
—Ya viene José Manuel, están a diez minutos.
—Eso me dice que mi hermano está a treinta pero conduce él —respondí a Josué. Volví a la carga y disparé de nueva cuenta, parece que el blindaje de los Puerto ha mejorado de tiempo a la fecha.