CAPÍTULO XXXVII "NO SOY EL OBJETIVO"

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Me dolía la espalda, sentía la molestia por el coágulo y respirar para mí se había vuelto un reto, los anticoagulantes hacían lo propio, me froté la mejilla, estaba ocupado tratando de pensar en algo en especifico cuando escuché detonaciones reite...

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Me dolía la espalda, sentía la molestia por el coágulo y respirar para mí se había vuelto un reto, los anticoagulantes hacían lo propio, me froté la mejilla, estaba ocupado tratando de pensar en algo en especifico cuando escuché detonaciones reiteradas muy cerca, suspiré, mierda.

Miré la silla de ruedas, me desconecté de todo, incluido el oxígeno y me bajé de la camilla, el aire comenzó a faltarme de inmediato pero era muy soportable, si me quedo no habrá aire que me reviva de una balacera.

- Dios, soy yo de nuevo - susurré al momento de contener la respiración, me froté el pecho, carajo, qué mala suerte me cargo desde que volví a creer en el amor. Me moví lentamente hasta la puerta, volví a la cama y busqué debajo, encontré un arma -, Yordan, Yordan ¿Qué haría yo sin ti? - revisé el cargador y estaba completo, puse el arma a un costado de mi pierna derecha y salí de la habitación, estaba todo silencioso, como siempre que vengo a dar aquí.

- José Manuel - le apunté con el arma a Cass, respingó en cuanto me vio y bajó el cañón - ¿Qué te pasa? Cálmate Aragón, estás fuera de control.

- Vienen por mí - susurré.

- Lo sé, tengo que sacarte de aquí, no vas a aguantar mucho sin auxilio respiratorio, tenemos que hacerlo rápido - me dirigió hasta el ascensor, es lo malo de que siempre cierren ésta zona del hospital cuando estoy aquí pudriéndome, estos hijos de puta no se detienen ni un poco - ¿De dónde sacaste esa arma?

- No me lo creerías - le revisé el silenciador - ¿Sabes quién viene por mí?

- Tu tío Efraín ¿Qué hiciste que lo tienes tan molesto?

- Creo que maté a su hijo - Cass me miró.

- Eso tiene mucho sentido.

- Era ganar o morir Cass y ya sabes cómo son los hombres como yo, somos unos triunfadores, somos la piñata de cartón bien madreada aguantadora en ésta posada llamada vida.

- Si te sientes mal, me lo dices por favor - apenas se abrió la puerta del ascensor y nos llovieron los monitos secuaces de mi tío Efraín, disparé sin pensarlo mucho, los cuatro sujetos besaron el suelo en cuestión de segundos, Cass estaba muy impresionada con mis habilidades -, y eso que tienes miopía.

- He tenido que aprender a vivir con mis limitaciones, pero tengo mis lupitas puestas pues, vamos - ahora no solo tenía que proteger mi trasero, también tenía que cuidar el de Cass que a su vez cuidaba médicamente del mío -, dame sus armas - Cass tomó las armas de los sujetos y me las dio, revisé los cartuchos y tomé todos para devolver las armas vacías al suelo, mi pecho se comprimía por mi falta de oxígeno, pero sigo estando de maravilla.

- Vamos, tengo que llevarte al estacionamiento - yo sabía que eso no iba a ser tan sencillo o mejor dicho, que no iba a ser tan posible, me subí los lentes por el puente de la nariz antes de volver a disparar, el instinto de Cass la obligaba a ocultarse detrás de mí, un sujeto prácticamente me cayó en las piernas, le quité el arma y miré a Casandra.

🌹・𝐂𝐢𝐮𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐏𝐥𝐨𝐦𝐨・🌹Donde viven las historias. Descúbrelo ahora