A escasos dos meses de aquellas muertes, es lógico pensar que los problemas del clan Aragón recién comienzan. Con una cartera repleta de enemigos, deberán enfrentar cada obstáculo con el único objetivo de salir victoriosos, para ello, tendrán que ha...
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Cuando desperté, él seguía profundamente dormido, no sé qué le da por dormir de más cuando tiene cita médica. Le besé la mejilla varias veces.
— Papacito — suspiró, pero no tenía intenciones de despertar por lo que veo —, papi.
— ¿Umm?
— Despierta mi vida, nos tenemos que ir.
— Mañana.
— No, nada de mañana, vamos, que te están esperando.
— No quiero, tengo sueño.
— Mi vida, no duermes toda la semana, pero el día que tienes cita, duermes como nunca, anda, vamos — lo tomé del brazo y le apoyé a sentarse, suspiró, no quería abrir los ojos —, quiero ver esos ojos de girasol que tienes.
— No.
— Anda, anda, mira, no tengo bra — abrió los ojos rápidamente.
— Me mentiste.
— Caíste, más bien, buenos días.
— Buenos días — estaba desanimado, sabe de antemano que hoy le toca maltrato médico, tenía que animarlo, no se me ocurrieron muchas cosas, salvo una.
— Josema.
— ¿Qué pasó mija?
— ¿Quieres que nos duchemos juntos? — elevó ambas cejas y no pudo evitar sonreír, me reí de ver su rostro perverso.
— Esa pregunta, no se pregunta mija, claro que me quiero bañar con usted, pero en sudor, reinita coquetona.
— Vamos — entré a la ducha y lo esperé, habíamos adecuado lo mejor posible la casa para José Manuel mientras se recupera.
— Éstas sillas de baño son muy resistentes — afirmó.
— ¿Tú crees?
— Yo creo que sí — le tomó su tiempo entender sus cambios físicos y con ello perder el pudor conmigo, de algún modo mi cuerpo había cambiado también, fui mamá, eso no se puede negar. Después de una ducha y sexo de ducha salimos del baño con una risita de tarados, no saben lo divertido que puede llegar a ser amar a alguien como José Manuel, cuando estuvimos listos salimos de casa rumbo al hospital, cuando entramos al consultorio, el médico ya nos esperaba.
— José Manuel.
— Charly.
— Cuando Núñez me dijo que estabas aquí no lo creí del todo.
— Ese idiota habla del mundo, le gusta mi esposa.
— Ah, hola, María José.
— Carlos — estrechamos manos —, Núñez cree que estarás más cómodo si te ve alguien conocido.