A escasos dos meses de aquellas muertes, es lógico pensar que los problemas del clan Aragón recién comienzan. Con una cartera repleta de enemigos, deberán enfrentar cada obstáculo con el único objetivo de salir victoriosos, para ello, tendrán que ha...
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Vimos en cámara lenta cómo su camioneta volcó hasta la carretera por la que íbamos Hache y yo.
— ¡Hugo! ¡Párate! ¡Párate! — no se había detenido por completo cuando abrí la puerta para descender, corrí hasta la camioneta y me incliné para mirar dentro — ¡José Manuel! ¡José Manuel!
— Gaby, Gaby, estoy atorado.
— Tranquilo, te vamos a sacar — estaban disparando, me puse intensa, saqué mi arma y comencé a tirarles, si no podíamos sacarlo, moriría ahí dentro.
— Tienes que protegerte Gaviota — me dijo.
— No te voy a dejar aquí, la gasolina se está derramando.
— Gaby.
— ¡Cállate!
— Gaby, escúchame.
— No — miré a Hugo.
— ¿Es muy malo?
— Está atascado con el cinturón — se asomó.
— Hola viejo ¿Mundo de cabeza?
— Cállate estúpido — respondió.
— Gaby — dijo Hugo mientras miraba el panorama.
— ¿Qué?
— Confío en ti, siempre he confiado en ti y creo que éste es el momento preciso en el que tienes que demostrarme que no la cagué, te di mi corazón, dime que valió la pena.
— ¿Me perdí de algo? — susurró José Manuel, Hache se inclinó para verlo.
— Gaby y yo fuimos pareja antes de que se casara contigo y después de ello, ésta mujer tiene el corazón dividido y no puedo permitir que se rompa.
— ¿Hugo? — cuestioné.
— Alguien tiene que desatorarlo, para eso tengo que ir del otro lado y cortar el cinturón, pero para eso, tendrás que cubrirme, porque si no lo haces, me van a matar.
— ¡No! ¡Hugo!
— Hazlo — se zafó de mi agarre y sin que pudiera evitarlo, se movió hacia el costado de José Manuel, estuve muy atenta controlando a los que disparaban de arriba.
— ¡Hugo! ¡Me quedo sin balas!
— Lo tengo — Hugo liberó a José Manuel y volvió del otro lado para poder sacarlo, una vez afuera, me puse histérica por ambos.
— ¿Están bien? ¿José Manuel? — me miró.
— ¿Con él? ¿En serio? — este Aragón reclamaría desde la tumba, estoy segura.
— Ahora no, cachito ¿Puedes levantarte?
— No lo creo — miró su ensangrentada pierna y supe que en efecto, no podría —, pero fuera de ahí me siento de puta madre.