A escasos dos meses de aquellas muertes, es lógico pensar que los problemas del clan Aragón recién comienzan. Con una cartera repleta de enemigos, deberán enfrentar cada obstáculo con el único objetivo de salir victoriosos, para ello, tendrán que ha...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
7 DE DICIEMBRE MEDELLÍN — COLOMBIA.
Mi papá por nada del mundo me hubiera dejado ir sola a Medellín, así que viajamos los dos hasta Colombia a cuidar los intereses de la familia.
— ¿Tú hermano está bien?
— Sí, hablé con María José, dijo que lo iba a sacar del país por una sorpresa, supongo que ya era un plan, Josué y Polo le llevaron a la niña, así que van a estar bien mientras no estén en Sinaloa.
— Buenas patrona — dijo un colombiano con su característico acento —, los hermanos les esperan — miró a papá —, señor, bienvenido a Medellín.
— Gracias — abordamos la camioneta, mi gente subió con ellos en la que venía detrás y nos incursionamos hacia la selva de Medellín, nos tomó cerca de treinta minutos llegar, pero una vez ahí, me encantó la frescura.
— Señorita Aragón, es un verdadero placer tenerla aquí, señor Aragón, esperábamos ver a José Manuel.
— Mi hermano tuvo un accidente recién y no está en condiciones de viajar por el momento, supongo que mi papá y yo somos suficientes para suplirlo en ésta charla.
— Sin lugar a dudas, señorita, adelante por favor — cuando entramos los que parecen ser los dueños del negocio se encontraban sentados en la sala, ambos nos miraron.
— Pero si es mi suegro en persona — se puso de pie — Liceth Peña, un gusto conocer al papá de los pollitos.
— Ricardo Aragón y ella es Laura, mi hija.
— Cuñada.
— No tendrías tanta suerte, mi hermano es un hombre casado.
— Vaya, ustedes si que son como leonas defendiendo a su gente, él es mi hermano Luis, esperábamos ver a José Manuel.
— Por mí está bien, señor Aragón, señorita — obvio le agradé, sonreí y retiré mi mano con elegancia —, Luis Peña.
— Estamos aquí porque nuestro negocio es familiar, supongo que ustedes saben bien de qué se trata eso.
— Supimos del incidente del socio, no pensamos que fuera tan serio.
— Solo necesita descansar, es todo — tomamos asiento —, estamos para escucharlos.
— La gente de los Puerto le ofreció a mi gente el ochenta por ciento del tráfico a Estados Unidos, al parecer tienen una nueva alianza y dijeron que van a traficar trescientos a la semana, José Manuel nos ofreció solo doscientos.
— ¿Quieres arriesgar todo eso por cien más? Eso no sería muy audaz de su parte — respondí.
— Seamos sinceros, los negocios funcionan con gente sincera ¿Es probable cruzar trescientos en una semana?