Dame paz y dame guerra

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No lograba entenderlo. Volvía una y otra vez al mismo punto y se quedaba allí, perdida, como un globo de helio sin que nadie le tendiera la mano. ¿Por qué las personas que más nos importan son las que al final nos destrozan? ¿Por qué la vida era tan retorcida? Estaba claro que nunca tendría una respuesta y esa revelación callada, era lo peor de todo. Era como si la hubiera atrapado un tornado y no pudiera librarse de su yugo por mucho empeño que hiciera. Iba triplicando el límite de velocidad permitido en ciudad, perdida solo en el rugido del motor, en ese sonido ronco que le estaba sirviendo casi de revolución.

-Para y habla conmigo- Natalia intentaba calmarla-. No se que te ocurre- la miró-, pero lo arreglaremos.

Sin embargo, Alba no le hacia caso. Daba igual lo que dijera, recorría las manzanas pisando a fondo intentando escapar de ese dolor, con la mirada puesta en otra dirección que no fuera en esa herida. Derrapó en un curva y frenó, momento en el que Natalia aprovechó para tirar del freno de mano y ponerle un poco de pausa a toda esa locura. El coche hizo varios giros descontrolados, se golpeó contra parte del mobiliario urbano y algunos coches y terminó chocando de lado contra una de esas piedras enormes que se utilizan para impedir el paso. El airbag del coche saltó golpeándolas a las dos. Natalia se agitó aturdida por el golpe y enseguida torció la cabeza hacia Alba, que tenía los ojos cerrados.

-Alba- la llamó estirando la mano para tocarla-. ¡Alba!- gritó al ver que no reaccionaba-. Alba, mi amor- le acarició la cara-.

-¿Estás bien?- Alba ni siquiera se movió, solo arrugó la nariz-.

-Si, creo que si- Natalia intentó abrir la puerta-. Está atascada- le dio un golpe con la pierna para intentar desbloquearla-.

-Tienes sangre- Advirtió Alba-.

-No es nada- le aseguró Natalia-. ¿Crees que puedes moverte?- le dio otra patada logrando que cediera-.

-Si, creo que si- Alba lo hizo despacio-.

Natalia logró salir del coche con alguna que otra dificultad y camino hacia la posición de Alba. Agradeció que al coche le faltase un cristal porque con sus fuerzas mermadas, dudaba en que consiguiera romperlo. Abrió la puerta del conductor y ayudó a Alba a salir. Natalia solo se había hecho daño en el brazo, que era lo que había usado para cubrirse, Alba había sido la que se había llevado la peor parte. Las dos se alejaron del coche unos metros y se abrazaron después de contemplar con algo de distancia el desastre.

-Solo es un coche- Natalia intentó quitarle hierro al asunto-.

-Lo quería en gris- confesó Alba-, pero mi padre dijo que en negro era mas elegante.

-Creo que vas a tener que pintarlo- Natalia sonrió levemente-.

-Ahora solo es un coche destrozado- Alba suspiró-. Resume bastante bien mi estado. Por una vez, los elementos están de mi parte- hizo una mueca-.

Cuando Alba intentó echar a andar se mareó y Natalia la tomó de la cintura antes de que se diera de bruces con el suelo. Alba apoyó la cabeza contra el pecho de Natalia y poco a poco fue perdiendo las fuerzas hasta desmayarse.

-¡Alba!- Natalia la agitó-. Alba, vamos, cariño. Abre los ojos, Alba venga- estaba muy angustiada-.

No se lo pensó dos veces y llamó a una ambulancia. Le daban igual las consecuencias que aquello pudiera tener, Alba era lo más importante. Después de eso, turbada por que el estado de Alba fuera mas grave de lo que en un principio parecía, llamó a su padre.

-Nati, cariño- le contestó enseguida-.

-He tenido un accidente con Alba, necesito que vengas- Natalia apretó los dientes-. No...no se despierta.

Una droga de diseñoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora