No podían dejar de mirarlas, por más que Noemí y Mikel intentaban disimularlo, sus ojos les traicionaban y esa cotidianidad con la que se trataban, les tenía embobados. Como ellos habían cocinado, Natalia y Alba se ofrecieron a recoger los platos sucios. Pese a no ser una tarea muy interesante, lo habían llevado al siguiente nivel. La forma en la que Alba le pasaba los platos a Natalia para que lo secara, ese canturreo suave a dúo de algunas canciones o las pequeñas bromas que se susurraban, que terminaban con una tierna advertencia por parte de la otra o un suave empujón lleno de cariño.
-Ha sido su marido, ¿verdad?- Natalia tomó el plato y lo secó-.
-Supongo que no hace falta ser adivina, es obvio- Alba enjabonó otro plato-.
-¡Maldito bastardo!- Natalia tuvo que morderse la lengua para que no la escucharan-.
-Lo peor no son los golpes de su cara, sino sus ojos- Alba suspiró-. Me sobrecoge la resignación que hay en su mirada.
-A mi también- confesó Natalia-. Me he pasado todo el desayuno esquivándola. No quería que pensara que me daba lástima, no es eso.
-Rabia- adivinó Alba dejando caer su mano sobre la de Natalia, que reposaba en el fregadero-. Lo sé- asintió despacio-.
-Cuando estabas en el hospital le dije a mi padre que no estaría mal que aprendiera a hacer donuts- Natalia se mordió el labio al coger el molde para secarlo-.
-Mikel nunca podría negarte nada- Alba giró la cabeza para mirarles sin ser indiscreta-. Y además no se le da nada mal.
-¿Qué crees que pasó entre ellos?- le preguntó Natalia imitando su gesto-.
-Lo que, a todos, supongo- Alba le acarició el brazo sin darse ni cuenta-. Las relaciones son más complejas de lo que esperamos.
-Tuvo que ser algo intenso- Natalia suspiró-. Me muero por saber su historia, pero mi padre nunca me la contará- de eso estaba segura-. Y sería irrespetuoso que yo insistiera. No quiero sonar desalmada, pero me preocupo por mi padre. Ya ha sufrido bastante y no quiero que le hagan daño.
-Yo tampoco- admitió Alba-. Además, no creo que ella sea esa clase de persona. Tiene una mirada demasiado honesta.
-Si, no parece la típica cazafortunas- Natalia se separó un poco y tomó unos vasos del mueble-. Podría investigarla. Saber quien es, de donde viene.
-No pertenece a nuestro mundo- Admitió Alba-. Y eso es lo que te desconcierta tanto. Es demasiado auténtica.
-Era justo lo que iba a decir- Confesó Natalia clavando la mirada en Alba-.
-Deja de mirarme así- Alba negó con la cabeza-.
-No estoy haciendo nada- Natalia le coqueteó intencionadamente, sin borrar la sonrisa de su cara-.
-Solo déjate llevar- Alba sin querer acortó la distancia-.
Afortunadamente el timbre logró sacarlas de la burbuja, porque ninguna de las dos parecía con fuerzas para marcar las distancias. Alba dio una zancada hacia atrás más larga de lo pretendía y Natalia apoyó los codo en la encimera, topándose con la mirada de Noemí, que al verse cazada intentó disimular mirándose las manos y luego refugiándose en uno de los cuadros de la sala. Mikel fue a abrir la puerta y recogió los encargos de Alba algo extrañado.
-No puede ir vestida con tu ropa- le susurró Alba al oído-.
-¿Y hacia falta que compraras el almacén entero?- Mikel se mordió el labio-.
-No me decidía- Alba hizo una mueca-.
Ropa, complementos y enseres de higiene íntima, todo de la máxima calidad y expuestos con el mayor mimo posibles para Noemí, que se sentía muy abrumada por las atenciones. Nunca nadie había tenido un detalle así con ella. Ni siquiera en su cumpleaños. Un suspiro se le escapó mirando a aquel trío. Podían parecer desalmados, ególatras e incluso los malos de la película, pero lo cierto es que eran muy distintos. Los verdaderos héroes de las historias, de esos a los que nada frenaba.
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Una droga de diseño
FanfictionLa vida, un sorprendente y continuo sin sentido... Natalia y Alba se conocen prácticamente desde que nacieron, siempre han sido unas fieles compañeras de vida. De risas y llantos, de luces y sombras, de buenos y malos momentos. Entre ellas todo flu...
