Estamos hechos de nuestros pasos, de nuestros tropiezos y de nuestros sueños. Todo ese compendio de ilusiones y realidad nos hacen recorrer y camino. Después de tantos años juntas, habían formalizado su relación y Alba no podía creerlo. Se acabaron los besos a escondidas, los encuentros furtivos, había llegado el momento de ser dos, con todas las de la ley. Y allí estaba Alba preparando dos tazas de café mientras pensaba en por que el mundo, el destino o quizás la alineación de las estrellas el día que nació nunca la dejaban disfrutar de su felicidad a bombo y platillo.
Le había pedido a Carlos de le diera información sobre Roberto y su madre de una manera muy discreta. Lo consideraba una invasión de la intimidad y no quería entrar en detalles, pero, por otro lado, sentía curiosidad. No porque fueran amantes, no iba a juzgar esa parte, sino porque entre ellos había algo mucho más allá. No es que hubiera conseguido demasiado material, solo unas pocas fotos y un video habían sido suficientes. Su madre jugando y riendo en un parque con el pantalón manchado de verdín como una niña pequeña y los dos compartiendo un baile.
Defender el amor nunca es una mala decisión
Y allí estaba, bebiendo vodka e intentando que aquella locura no le jugara una mala pasada. No sabía si esa decisión estaba llevada por la osadía, por el rencor o quizás por ese cariño extraño que aún habitaba en ella, respecto a su madre. No pretendía darle una lección, ni siquiera había pensado en devolvérsela. En su cabeza solo estaba intentar encontrar a la mujer que nunca supo ver.
-Hace frío- Alba tembló al sentir como Natalia le colocaba las manos sobre los hombros y le sobreponía la bata-.
-Me has asustado- Suspiró apoyándose contra su cuerpo-.
-Son una pareja peculiar- Natalia hizo un gesto hacia las fotos-. No sabía que la vigilases.
-No lo hago- confesó Alba-. Ni siquiera se que pretendo- guardó silencio-. Cualquiera en mi lugar le odiaría por destruir una familia, pero yo sería incapaz de hacerlo. Creo que él la vio de verdad. Ni a un nombre, ni a un apellido, ante sus ojos era solo ella y eso es realmente mágico.
Natalia conocía esa cara. Mirada brillante, morderse la lengua convulsivamente y repiquetear con los dedos de manera constante. Ya había tomado una decisión, pese a que ella misma se lo negase. Y ya no había vuelta atrás. Roberto era un buen tipo. Sencillo, sincero y tenía algo especial. No sabía que era, aún no lo había descifrado, pero lo sentía como un amuleto de la buena suerte.
-No tienes que justificar nada- Le susurró Natalia dejándole un beso sobre los hombros-.
-Creo que ya no intento hacerlo- reconoció bebiendo del vaso-, es una pérdida de tiempo. No puedo odiarla, ni que me sea indiferente, todo lo que siento es rabia y una emoción que soy incapaz de sacar de mis adentros con palabras.
-Te amo- Natalia la besó en los labios-.
-Deberíamos estar en la isla más remota del mundo de luna de miel- profundizó el beso-. Disfrutando de nosotras, olvidándonos del mundo y no metidas en todo este embrollo.
-Tristán de Acuña- Natalia sonrió-. Es la isla mas remota del mundo.
-¿Lo has buscado?- inquirió Alba pasando los brazos por su cuello y jugando con sus cabellos-.
-Sale en el libro de los récord- Natalia asintió-. Descubierta por el navegante portugués por el que lleva su nombre y citada por Edgar Allan Poe. Ni siquiera tiene aeropuerto- le susurró con picardía-.
-Umm- Alba le rozó el cuello con la punta de la nariz-, eso me fascina.
Natalia echó el cuello hacia atrás para darle un mejor acceso, que Alba atacó sin miramientos. No podían evitarlo o quizás ya no querían, sentían una necesidad inabarcable de tenerse, de entregarse, de convertirse en una, de volar juntas. Natalia no pudo soportar la tortura mucho mas tiempo, así que cazó sus labios y su ímpetu la hizo chocar contra la encimera. Ninguna de las dos sintió el crujido de la escalera ni mucho menos se percató de la presencia de Roberto, que se limitó a observarlas con una pequeña sonrisa. No era la primera vez que las veía darse un beso, aunque algo había cambiado desde la última vez. No había prisas, ni ansiedad, ni pánico, porque en una muestra tan pura no había cabida para nada más. Cuando la morena advirtió que no estaba solas, se separó de Alba despacio y giró la cabeza, gesto que Alba imitó casi de forma simultánea.
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Una droga de diseño
FanfictionLa vida, un sorprendente y continuo sin sentido... Natalia y Alba se conocen prácticamente desde que nacieron, siempre han sido unas fieles compañeras de vida. De risas y llantos, de luces y sombras, de buenos y malos momentos. Entre ellas todo flu...
