Muerto el perro, comenzó la rabia

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La calma después de la tempestad. ¿Cuántas veces hemos escuchado esa frase? Si tomamos consciencia de ella, hay dos palabras claramente contrarias. Paz y tranquilidad frente a una tormenta con extraordinaria fuerza agitadora de ánimos. No podemos detener a doscientos por hora en un segundo y no notarlo. Eso no nos hace débiles, sino conscientes de lo que sucede. Es la parte que mas cuesta. Reconocer la realidad y mirar de frente al momento presente. La tempestad nos hace mas fuertes y la calma lo reafirma, aunque busquemos mil y una formas de creer que el universo hizo algo por nosotros. Soportamos, luchamos y ganamos.

Cada dos horas se iban turnando para hacerle una visita a Pol, donde le agradecían su estancia con obsequios diversos. Un manguerazo con agua helada, Jugar el golf apuntando a la herida de su pierna o probar diferentes vinagretas que terminaban en el mismo punto.

Estaba de pie, en calzoncillos, suspendido en el aire gracias a una barra de ejercicio de Marina. La habían adaptado para atarlo con firmeza. En las orejas unos auriculares de esos con cable, prensado en su espalda con cinta americana hasta la salida de audio del aparato. No dejaba de oir a Camilo Sexto a todo volumen sin descanso. Era infernal. Había dejado de gritar hacía unos minutos por su incipiente afonía, para descanso de todos.

-Es increíble el mundo de la segunda mano- confesó Alba con ironía entrando en la cocina-. Veinte euros por liberar espacio. Da que pensar, cuanto menos- se mordió el labio-. Umm, me encanta este olor- aspiró con fuerza-.

-Acabo de hacerlo- Natalia le tendió una taza de humeante café-. No iba a marcharme y dejarte sola con esto y tampoco puedo dormir. ¿Cómo crees que lo consiguen ellos?- le dio un sorbo a su taza-.

-Santi y Álvaro ya está juntos, Marina toda la vida ha dormido como un tronco y mi madre...-miró a Natalia con malicia-. Supongo que ha salido ganando con eso de tener toda la cama para ella. Tenemos que pensar que hacer con...

-Santi no quiere oír hablar del tema- confesó Natalia-. He intentado que nos tomemos un momento pero, le entiendo. Todo lo que brota de él por ese seres rabia. Yo también la siento- apretó los dientes-. Podías haber muerto- le apartó un mechón que le caía sobre el rostro-, y yo misma jugaría al golf con sus huevos.

-Su familia le busca- Comentó Alba mordiendo una galleta-. No se si me encanta esta combinación de plátano y canela.

-Lo sé- Natalia imitó su mordisco-. Pusieron la denuncia hace una hora. Supongo que por cuestión de cortesia y efectividad, esperaran hasta las nueve. Interrogaran a Marina, así que debemos de prepararlo a consciencia.

-Nosotras somos su coartada- Alba sonrió-. La cosa con Pol fue bien. Estaba en la ducha cuando escuchó la alarma de incendios y salió, pensando que esa sabandija ya estaba fuera. Le llamó al móvil y le dejó un mensaje, pero no obtuvo respuesta. Sabe lo que tiene que decir y como sonar convincente.

-¿Y las cámaras?- le recordó Natalia-. No podemos dejar nada al azar.

No hay error- Le aseguró Alba-. Sabela hizo un gran trabajo. Un gusano de esos. Todo quedó borrado.

-¿Has podido hablar con Marina?- le preguntó Natalia preocupada-. No parecía llevar esto muy bien.

-Supongo que se siente estúpida- Alba negó con la cabeza-. Durante mucho tiempo ha sido incapaz de reconocer que su falta de carácter y esa sensación de sentirse perdida, no le da derecho a arrasarlo todo a su paso. No es fácil salir de ahí. Son demasiadas preguntas de dudosa respuesta. Aún así creo saber como ayudarla o al menos, intentarlo.

-Siente culpa- Natalia abrazó a Alba-. Ahora intenta redimirse y podemos ayudarla. Siempre hay una oportunidad más si la hermana te deja el trozo mas grande de la tarta- respiró despacio, aspirando el aroma de Alba-.

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⏰ Última actualización: Feb 13 ⏰

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Una droga de diseñoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora