El amor todo lo vence
Por mucho que lo neguemos, nos encanta complicarnos la vida. Desde pequeños nos han enseñado que cuanto más cuesta escalar la montaña, mas placentero es contemplar el paisaje desde la cima. Es curioso como primero nos alientan a subir la montaña, a intentarlo, aunque nos de miedo, nos empujan si hace falta. El problema es que cuando conseguimos llegar hasta arriba, nos obligan a mirar hacia abajo y nos hacer saber con una palmadita en la espalda, que un paso en falso puede llevarnos directos al precipicio.
Alba se había pasado la vida escalando, caminando por esa escarpada montaña sin dejarse vencer por el cansancio. Ni siquiera había parado para tomar un poco de aire, ante cualquier inconveniente ella seguía adelante. Siempre había pensado que sus éxitos serían el motor de su vida, que si no se rendía encontraría la felicidad, que ese inconformismo crónico con el que vivía pronto la dejaría respirar, pero lo único que había conseguido era sentirse tentada a mirar hacia abajo cuanto mas alto escalaba con una curiosidad hambrienta.
Había intentado mantenerse al margen de sus demonios, intentar no mirarles, pero estaban por todas partes. El pavor que le recorría el cuerpo se había vuelto tan intenso que no podía casi ni respirar, esa sensación dolorosamente fría que la abrazaba cada instante con una fuerza constrictora estaba dispuesta a acabar con ella. No sabía que hacer para escapar de esa pesadilla, así que había pensado que quizás el doctor Labanda podría darle alguna idea.
-Teníamos cita hace dos semanas- inquirió el psicólogo apoyándose en la puerta-.
-Le dije que yo acudiría cuando lo necesitase- le recordó Alba poniéndose en pie-. ¿Me ha echado de menos?- se mordió el labio-.
-¿Por qué siempre responde a todas mis preguntas con evasivas?- se apartó de la puerta para que pudiera pasar-. Me suscita curiosidad.
-Que no haya obtenido la respuesta que esperaba no significa que yo evada la pregunta- inquirió la rubia-.
-¿Siempre dice exactamente lo que los demás quieren oir?- Iván se mordió el labio y le tendió la taza de café-.
-¿Siempre intenta intimidar a los pacientes con esa mirada intensa?- Alba le dio un trago a su taza-.
-Veo que no piensa ponérmelo fácil- Iván sonrió-. Al menos esta vez no ha aparecido por sorpresa- Movió las cejas-, es todo un avance. ¿Qué la trae por aquí?- preguntó intrigado-.
-Necesitaba hablar con alguien- Alba suspiró-. No es que usted sea un gran conversador, pero me sirve para la ocasión.
-Viniendo de usted creo que eso es un cumplido- Iván le guiñó el ojo-. No tiene buen aspecto- advirtió sus ojeras-. ¿Una mala noche? - preguntó con suavidad-.
-Una de las peores en mucho tiempo- Alba asintió-. Despertarme hoy en una cama vacía me han recordado a esos días en los que no sabía si el tiempo se había detenido, retrocedía o simplemente seguía ahí, pero yo no quería seguir mirando.
-¿Cómo eran esos días?- Ivan intentó indagar-.
-No lo sé- Alba suspiró-. Dias sin más. El amanecer y la noche, todos eran igual.
-Siga por favor- Iván se acercó un poco para darle confianza-. Necesita decirlo en voz alta.
-Cuando se...-Alba tragó saliva-.
-Vamos- Ivan le tomó la mano-. No tenga miedo de su propia voz. Cuando sacamos un pensamiento de la mente, en cierto modo nos liberamos un poco.
-Cuando Natalia se marchó pensé que volvería en unos días o unas semanas- reconoció Alba en voz baja-. Yo también sentía ese malestar crónico día tras día, como todo el cuerpo me dolía, como ponerme en pie todas las mañanas y salir de la cama se había vuelto una tortura. Dejé de dormir porque tenía la esperanza de que volviera, abrazara mi cintura y se tumbara a mi lado como en esas noches especiales y no quería perdérmelo.
ESTÁS LEYENDO
Una droga de diseño
Fiksi PenggemarLa vida, un sorprendente y continuo sin sentido... Natalia y Alba se conocen prácticamente desde que nacieron, siempre han sido unas fieles compañeras de vida. De risas y llantos, de luces y sombras, de buenos y malos momentos. Entre ellas todo flu...
