Las cuentas de Themis

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Decía Martin Heidegger que la angustia es la disposición fundamental que nos coloca ante la nada. Es una emoción tan absorbente como la lluvia, nos cala hasta los huesos, tan afiladamente fría, que nos deja congelados. La angustia es una emoción peligrosa, es como un remolino que todo lo atrapa. Nos aprisiona desde dentro llenándonos de miedo, de ansiedad, de inquietud y hasta de una tristeza que se nos antoja indefinible.

Alba no soportaba ni un instante más, necesitaba que el maldito teléfono sonara de una vez o de lo contrario, terminaría enloqueciendo. Había intentado mostrarse serena y no dejar que esas emociones negativas que siempre arrastraba le nublaran el juicio, pero sabía que por mucho que intentase ver la luz, estaba atrapada en una noche oscura sin estrellas. Respiró profundamente y clavó la mirada en aquel destartalado faro. Estaba borracha, con los pensamientos turbados y ya no podía más. Ver como le arrebataban la felicidad de nuevo ante sus ojos, casi de la mano, la tenía completamente destrozada. Le había vuelto a fallar a Natalia, no había estado ahí para protegerla, para dar la cara y eso la hacía sentirse el ser mas miserable de la tierra.

Tenía que haberlo visto venir, imaginarse que la visita de esa bruja no traería nada bueno, pero claro, estaba embelesada en el carpe diem y ahora ya no podía dar marcha atrás. Si no hubiera sido tan confiada, aquello no estaría sucediendo. Iba a arreglarlo, no le importaba el precio que tuviera que pagar ni lo que tuviera que hacer. Esta vez no iba a conformarse.

Las estrellas siguen brillando, aunque no podamos verlas.

-No nos apagaremos con tanta facilidad- rozó el cigarrillo en la barra donde estaba apoyada para apagarlo-, te lo prometo- pronunció en voz alta-. Ahora menos que nunca, Nat. Tu y yo contra el mundo, que mas da si lo que nos espera es el inframundo- soltó una carcajada que retumbó en el eco del viento-.

Dio un respingo cuando su teléfono móvil comenzó a sonar, buscándolo a la carrera en el bolso casi volcando en el suelo todo el contenido para poder alcanzarlo con rapidez. Lo descolgó sin ni siquiera mirar de quien se trataba y respiró aliviada al escuchar la voz de su abogado, por fin iba a tener noticias de Natalia.

-¿Le han dicho si podré verla antes del juicio?- preguntó Alba rápidamente sin dejarle hablar-. Será solo un momento. Pagaré lo que sea, no me importa.

-Buenos días, señorita Reche- la saludó con tono amable-. No tiene que pagar nada, está en su derecho de visitarla. Lo normal es que quien acuda al encuentro con el detenido le de ánimos y no le haga alterarse- le recalcó-, eso podría ser perjudicial de cara al juicio.

-Voy para la comisaría- Alba comenzó a andar hacia el coche-.

-Estas gestiones llevan su tiempo, no todo se consigue con un chasquido de dedos- Le advirtió el abogado-.

-Agilice esas gestiones entonces, ya me entiende lo que quiero decir- le colgó con rapidez-.

Alba se subió al coche a la carrera. En cuestión de segundos, su estado de ánimo había cambiado por completo. Condujo todo lo rápido que pudo sin dejar de pensar que le diría, mareada con la sola idea de imaginarse tras aquella noche interminable, de nuevo junto a ella, aunque las separara una falsa acusación y un mar de inconvenientes. No le importaba, iba a encontrar el modo de volver a ella.

Todo va a salir bien

Se tomó el tiempo justo para darse una ducha y cambiarse de ropa, alborotándose el pelo con un poco de espuma para no tener ni que secárselo. Se perfumó y le dedicó un guiño al espejo. Estaba nerviosa por el reencuentro, le daba miedo ver lo que la situación había hecho con Natalia, pero era mucho peor no saber de ella, la espera, la ausencia de respuesta y el vacío. Ese vacío que parecía empecinado en perseguirla por más que ella se esforzara por tomar la delantera.

Una droga de diseñoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora