Todos sentimos el vértigo

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Le había resultado imposible separarse de ella aquella mañana. El calor de su piel era como un imán que la obligaba a acortar las distancias y esa sonrisa tímida enfrascada en el sueño, un hechizo al que estaba completamente rendida. Era increíble pensar todo lo que una persona podía aportar a tu vida. Un espacio ocupado, calor, compañía, alivio, alegría, calma, energía y felicidad. Podía seguir engrosando la lista intentando hacerla finita, pero con Natalia las cosas siempre iban mas allá. Quizás por eso sus sentimientos hacia ella se manejaban como en una ola fría y cálida, impetuosa y relajante, calmada y llena de bravura. Pequeña, imperceptible y a la vez tan grande que podría contra el mundo entero.

Suspiró e intentó salir de la cama. No era una misión fácil, ya que Natalia estaba recostada sobre ella y no quería despertarla. Lo hizo despacio y con movimientos suaves, pero en cuanto Natalia sintió el cambio de temperatura abrió los ojos pillando a Alba en plena faena.

-Sigue durmiendo- Le susurró con tono suave-.

-No te vayas- gruñó Natalia adormilada cazando su mano sin demasiada fuerza-.

-Sabes que me quedaría contigo en la cama hasta que el mundo acabara y empezara de nuevo- Alba se mordió el labio-, pero estoy muerta de hambre y tú necesitas alimentarte- se inclinó despacio para robarle un beso-.

-Ahora creo no estar en condiciones de responder a eso con palabras- le devolvió el beso-.

-Muy lista- Alba se separó y negó con la cabeza-.

-Sabes, todo esto me parece un delirio- suspiró pesadamente-. Como si estuviera soñando, pero siguiera en aquel agujero, sintiendo como el agua aumenta bajo mis pies.

-Todo esto es real- le aseguró Alba-. Muy real.

Alba terminó con una rodilla en la cama para acortar distancias y besar a Natalia. Intentaron respetar los tiempos y no excederse demasiado, pero esa hambre que siempre sentían la una por la otra era complicado de dominar. Parecía como si sus besos escaparan al tiempo y al espacio, tomando el control del destino del mundo. Pese a la ansiedad inicial, la calma engalanaba cada caricia y cada beso, dándole al amor ese poder superior frente al resto de sentimientos. Alba paró en seco cuando Natalia se quejó, consciente de que estaban cruzando el límite. No iba a saltarse indicaciones del médico, sino todo lo contrario, las cumpliría a rajatabla o al menos esa era la intención, ya que el amor siempre es un rebelde sin causa.

-Shh- Alba le besó tiernamente-, se que es difícil, pero tenemos que tomarlo con calma.

-Creo que eso es imposible- Natalia la volvió a besar-.

-Siempre se nos han dado bien los imposibles- Alba hizo una mueca divertida-.

-Yo diría que especialmente bien- Natalia la miró con una sonrisa coqueta-.

-Deja de hacer eso- gruñó Alba-.

-No estoy haciendo nada- protestó Natalia con tono travieso-.

-Mirarme de esa forma- aclaró Alba-.

-No puedes pedirme que no te mire- Natalia sonrió-. Sería como ocultarle al mundo que hay luz entre la oscuridad.

-No voy a irme a ninguna parte- le aseguró Alba-. Todo lo que pienso hacer hoy, mañana y el resto de mis días es pasarlos contigo, porque no hay nada peor que vivir sin ti. Así que ahora que ya lo sabes, vas a quedarte aquí mientras yo voy a preparar el desayuno.

-Está bien- Natalia se acomodó la almohada-, me haré la dormida.

Alba bajó las escaleras corriendo, lo que provocó las carcajadas de Natalia. Podía verla con los puños apretados y la lengua entre los dientes concentrada en los escalones mientras luchaba en duelo contra el reloj. Derrapó al llegar abajo y enseguida se dirigió a la cocina. Le gustaba tomarse su tiempo para preparar el desayuno y cuidar los detalles, así que ahora tendría que improvisar. Exprimió unas naranjas para zumo, cortó fresas y algunos trozos de mango, puso algunas tostadas a calentar, llenó un tarrito con guacamole y preparó una tortilla dulce de canela mientras subía el café, colocándolo todo en una bandeja enorme.

Una droga de diseñoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora