COSA NOSTRA

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Alba caminaba de un lado para el otro por aquel pasillo, con la vista clavada en el suelo sin dejar de darle vueltas a la cabeza. Tenía que haberle hecho caso a su instinto y acompañar a Natalia a enfrentar a María, no haberla dejado salir de casa, intervenir de algún modo. Sabía que no era buena idea que las dos se encontrasen, lo supo desde el momento en que Natalia salió de casa, en el instante en el que le soltó la mano y sintió un agónico frío recorrerle todo el cuerpo.

¿Cómo había podido dejarla sola con esa psicópata?

Pese a que el médico les había recalcado que era una herida superficial y que tras los resultados de la analítica y una serie de cuidados que debería hacer a rajatabla podría irse a casa, Alba seguía enfrascada en la idea de que aquella situación podía hacer sido mucho peor. La había apuñalado, como podía haberla herido de cualquier otro modo. Podía haberla perdido sin ni siquiera darse cuenta y esa idea, la estaba matando por dentro. Sentía que le iba a explotar el pecho de la presión que hacía dentro de ella, el dolor de cabeza era insoportable, le temblaban las manos. No podía soportarlo. Rebuscó las pastillas en su bolso, tomó la caja y enseguida se metió un par de ellas en la boca, tragándoselas de golpe con dificultad, arañándose el cuello en un intento por volver a respirar con más libertad. Caminó hacia el baño como buenamente pudo, se apoyó en el lavabo y se echó agua en la cara unas cuantas veces, buscando aliviar el sofoco y despejar la mente, eso era lo que más necesitaba.

-La voy a matar- apretó los dientes con rabia-. Con mis propias manos.

Permaneció unos segundos, inmóvil, con la mirada clavada en el espejo. Estaba pálida y con el rostro lleno de tensión, tratando de canalizar esa angustia incisiva que le calaba los huesos, buscando ese punto de inflexión al que aferrarse en el horizonte nublado. Terminó corriendo hacia uno de los baños, arrodillándose con rapidez, devolviendo sin control. Se incorporó lentamente y se apoyó en las paredes de aquel habitáculo, cerrando los ojos y respirando profundamente. Golpeó con la mano buena varias veces las paredes del baño, descargando toda la rabia y la ira que sentía. Cuando ya le ardía el puño, se detuvo en seco, apoyó las manos en la pared y comenzó a llorar de un modo íntimo y silencioso. Se sentó en el váter y subió las piernas y se abrazó a sus rodillas, escondiendo la cabeza mientras se deshacía en lágrimas. Tantas emociones, tenían que salir por algún lado.

Se miró las manos y al ver aquel anillo en su dedo corazón con todos los planetas alineados acompañados de estrellas, una sonrisa le iluminó el rostro. Le dio un par de vueltas sin dejar de sonreír, como quien tiene una bola del mundo y puede controlar los movimientos del universo para que vayan en su favor, como si todo aquello que tanto deseaba estuviera al alcance de la mano.

Las estrellas siempre están ahí, nunca desaparecen.

-Tu y yo contra el mundo- pronunció Alba en voz baja con una media sonrisa-.

No podía dejarse vencer, ya lo había hecho una vez y el resultado había sido devastador. No podía dejar que el miedo, le asfixiara la vida. Con ese pensamiento positivo, se puso en pie y salió del baño. Se lavó la cara y los dientes y al ver el maquillaje corrido por su rostro, tomó una toallita de su bolso y lo eliminó por completo, puestos a ver desastres, que mejor que uno auténtico. Tomó varias dosis de spray bucal para el mar sabor de boca y respiró profundamente, como si fuera a zambullirse en una piscina sin saber si llegaría al final. Sacudió las manos varias veces buscando aligerar la tensión de su cuerpo y salió del baño con su pose habitual, como si nada hubiera pasado, caminando con paso firme y la cabeza alta, como si la vida le sonriera, como si no temiera que cualquier repentino revés, acabara con ella.

-¿Se puede?- Alba tocó la puerta con una sonrisa que te daba días de vida-.

-Me sorprende que llames a la puerta- Natalia se mordió el labio-.

Una droga de diseñoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora